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Tijuana.- Desde su aprobación en febrero de 2001, la Ley de Participación Ciudadana ha quedado solo en los buenos deseos de que la sociedad participe, es un ordenamiento legal que no camina, renguea, principalmente porque sus instrumentos: plebiscito, referéndum e iniciativa ciudadana se encuentran con un mar de trabas al momento de quererlos hacer valer.

Y no avanza porque cada que surge alguna iniciativa de parte de la sociedad, enfrenta serias trabas para ser tomada en cuenta por el Poder Legislativo, la primera y más eficaz para quienes detentan el poder público es la validación de las firmas de respaldo que las acompañan. En este trámite han quedado la mayoría de las iniciativas ciudadanas.

Las que han logrado superar este escollo, se enfrentan con el desdén legislativo, ahí está como botón de muestra la iniciativa que un grupo de periodistas hizo en la pasada legislatura para la Ley que regula la publicidad institucional, una herramienta que ya es usada en otros países con éxito pero que al menos aquí, no avanza por decisión del Poder Ejecutivo.

Hoy reposa en los archivos del Congreso del Estado la Iniciativa Ciudadana para el Sistema Anticorrupción que seguramente será ninguneada por un documento similar que presentó el Ejecutivo y que es el que se ha paseado por foros en toda la entidad para dar la impresión de que se toma en cuenta el parecer de todos.

Aquí lo escandaloso es que mientras el Legislativo tiene formas de hacer a un lado las iniciativas ciudadanas, el Ejecutivo cuenta con la facultad de vetar aquellas Leyes con las que no esté de acuerdo pero ¿y los gobernados apá?, pareciera que estos últimos están como el niño que intenta arrebatar un dulce a un adulto y mientras más alto salta, más lejos le colocan el ansiado caramelo.

La mayoría de ciudadanos han tenido que salir a la calle a manifestarse en contra de lo que no consideran justo o correcto por parte de sus gobernantes pese a que existen las herramientas legales para hacerlo, pero hacer caminar la Ley de participación Ciudadana es más difícil que intentar que un camello pase por el ojo de una aguja. La solución a esto está en manos de los legisladores. Solo falta que quieran hacerlo.

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