Así lo remarcó el ingeniero bioquímico José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental México (CIGAMX), entrevistado en el marco de la sesión 161 del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, que analizó justamente el tema de los desafíos para la gestión del agua en la región fronteriza de Baja California.
"Del lado mexicano nos falta trabajar más en la demanda, consumir menos agua en las ciudades y en el campo, en la agricultura, pero en las ciudades no estamos haciendo suficiente para ajustar la demanda a la escasez, y tenemos tareas, las fugas y reuso en la costa de Baja California, no solamente una fuente alterna como la osmosis inversa", recalcó.
Recordó que la repartición marcada en el Tratado de Aguas de 1944 obliga a México a entregar a Estados Unidos un tercio del caudal de seis afluentes del Río Bravo, lo que equivale a un mínimo de 2 mil 158 millones de metros cúbicos cada cinco años, mientras que Estados Unidos debe entregar a México mil 850 millones de metros cúbicos anuales del Río Colorado, es decir, unos 9 mil 250 millones de metros cúbicos cada cinco años.
Sin embargo, precisó que México tiene un déficit histórico en la entrega de agua a los Estados Unidos por el Río Bravo, como consecuencia de las sequías severas en el norte del país y del alto consumo de agua por parte del sector agrícola, por lo que Estados Unidos ya empezó a usar esta insuficiencia de México como argumento para negarse a entregar agua a Tijuana.
En 2025, explicó, el Departamento de Estado del país vecino dijo que dicha "insuficiencia" en el cumplimiento del tratado está diezmando la agricultura estadunidense, a los productores del valle del Río Grande, por lo que no se atendería una solicitud mexicana, fuera del tratado, de un canal especial de distribución para el agua del Río Colorado que se entregará a Tijuana.
"Se avizoran conflictos internacionales por el agua; México debe agua a Estados Unidos en el Río Bravo y todavía está dentro de los ajustes quinquenales, pero el agua que Estados Unidos debe a México en el Río Colorado ya está fuera, ya son ahorros, son retenciones, no están en los ajustes quinquenales, son descuentos, es menos agua en el Colorado, por la sequía", dijo.
A veces, añadió, en algunas esferas públicas hace más ruido el agua que México le debe a Estados Unidos en el Bravo y a veces no hacemos suficiente por el agua que Estados Unidos debe a México en el Colorado; además, en el Bravo todavía estamos en los ajustes de quinquenales, que se vale, y aquí ya estamos en cosas de ahorro, descuentos y pérdidas.
En el futuro cercano, agregó José Carmelo Zavala, los conflictos serán más serios por el agua, no solamente en fronteras internacionales, sino en fronteras subnacionales, al interior del país, entre las regiones, estados o municipios del país, lo cual es preocupante no solo en cuanto al consumo humano, sino porque el agua se puede convertir en una limitante para el desarrollo.
"El agua es un tema nacional, mundial y un tema también de nuestras fronteras entre una ciudad y otra, un Estado y otro, como por ejemplo Nuevo león con Tamaulipas, Querétaro con Guanajuato o Jalisco, o todos los que están en la cuenca del Lerma Santiago", afirmó.
Por su parte, la ingeniera química Jessica Castañeda Castillo, asesora técnica del CIGAMX, opinó que la dependencia que tiene Baja California del agua que proviene del Río Colorado obliga a pensar el agua como una limitante del desarrollo, algo preocupante porque en esta zona este río es la fuente casi total de abastecimiento para uso agrícola, industrial y urbano.
"Según el CILA, la Comisión Internacional de Límites y Aguas, en distintas actas derivadas del Tratado del 44 han buscado adaptar esta gestión para escenarios de sequía y de variabilidad climática; estos mecanismos de cooperación han sido para reducir impactos en la escasez o conservación de volúmenes en las presas, inversiones en infraestructura hídrica", expuso.
Además, complementó Castañeda, organismos internacionales han advertido que la cuenca del río Colorado atraviesa una de las sequías más severas en las últimas décadas, lo cual en algún momento o ya nos está afectando, por lo que hay que ver qué tenemos por hacer.
Luis Gerardo Domínguez, subdirector del CIGAMX, dijo que los desafíos hídricos en Baja California son cada vez más complejos y un ejemplo es Tijuana, una de las ciudades con mayor crecimiento poblacional en México, lo que ha elevado la demanda del agua potable.
Recordó que la región norte de México enfrenta condiciones de estrés hídrico severo, agravadas por sequías prolongadas y sobreexplotación de acuíferos, además de que el cambio climático es otro factor que podría reducir aún más la disponibilidad del agua en el noroeste del país, según proyecciones de la Comisión Nacional del Agua.
"Las discusiones sobre la Ley de Aguas Nacionales 2025 e incluso la Ley General de Aguas cobran relevancia, ya que podrían redefinir aspectos relacionados como la gobernanza hídrica, derechos humanos del agua, participación social y, sobre todo, sustentabilidad", concluyó.
En la sesión 161 del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, que organizan la Concanaco-Servytur, el Programa LEAD del Colmex y el CIGAMX, el doctor Alfonso Andrés Cortez Lara, profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte Unidad Mexicali, abordó el tema "Nuevos desafíos para la gestión del agua en la región fronteriza de Baja California".
Opinó que hay una adecuación permanente y flexibilidad en el marco binacional del agua, con una gestión adaptativa que garantiza la seguridad hídrica regional, pero falta una adecuación normativa nacional y binacional permanente para enfrentar sequías prolongadas, gestión de aguas subterráneas, conservación de agua, salinidad, azolves y distribución justa del agua.
El que me preocupa, indicó, es el marco nacional, porque los pendientes son muchos, y no sé si ese marco nos dé para enfrentar todos estos temas, hablamos de sequía prolongada, y qué hay de las aguas subterráneas, allí no tenemos un marco binacional de gestión y tampoco interno, ojo con esas otras fuentes de agua, ojo con la calidad y el impacto en la salinidad.
Enfatizó que la clave para la adecuada gestión del agua en la región es impulsar una gobernanza democrática del agua para activar, ciudadanizar y efectivizar el trabajo de los Foros Ciudadanos de la CILA y los –hoy prácticamente detenidos– Consejos de Cuenca de la Conagua, además de una vigilancia social que corrija el actuar de autoridades del agua.
Indicó que sin una gobernanza democrática del agua, la toma de decisiones es errónea, porque no se están priorizando adecuadamente las alternativas, por lo que se debe permitir la participación de los demás actores sociales y productivos de una región para impedir que la toma de decisiones sigan haciéndola los de siempre y de manera vertical.

