banner-caliente

tuvotosehizovaler

foto-robertos


Felicidades a mis colegas galardonados.

Hoy es un día de celebrarnos, pero sobre todo de reflexionar sobre lo que la libertad de expresión representa para una vida en democracia.

La libertad de expresión es un derecho inherente al desarrollo de la humanidad, así que sin su pleno ejercicio no se puede hablar de democracia.

Pero en México ejercer la libre expresión, el derecho a la información, ejercer profesionalmente como periodista, aún implica estar bajo riesgo de ser agredido, acosado, exiliado, de ser asesinado.



Hace unos meses, tuvimos en el país un cambio de gobierno que se ha planteado como reto y promesa para con la sociedad un cambio de régimen, sin embargo, hemos tenido en el mismo periodo seis colegas cobardemente asesinados: Jesús Alejandro Márquez, Rafael Murúa, Samir Flores, Santiago Barroso, Telésforo Santiago, y Francisco Romero.

Ellos se suman a la larga lista de colegas que ya no podrán contribuir en la construcción de una sociedad en libertad de ideas.

También es parte ya de la cotidianidad el recuento de colegas agredidos, amenazados a ojos de todos en el día a día del reporteo cotidiano, y quienes indagamos a fondo temas de interés publico, y exponemos esa podredumbre de las instituciones que se resiste a ser extirpada, continuamos recibiendo mensajes y amenazas directas o veladas, haciéndonos saber lo frágiles que somos en este país que aún se coloca como letal para la prensa.

Para hablar de una consolidada democracia se debe poner un alto a las agresiones contra los periodistas. Basta ya de retórica, de leyes que se quedan solo en papel y de mecanismos que han sido inútiles. Es urgente que se demuestre con hechos que en este país el periodista pueda ejercer su profesión sin temores, ni amenazas.

Además, el Estado también tiene una deuda con nuestro gremio: la indagatoria, esclarecimiento y justicia en los más de 120 casos de periodistas asesinados y desaparecidos en casi dos décadas. Donde la impunidad es del 99%.  

No podemos aceptar tampoco un borrón y cuenta nueva, porque la herida está abierta y la  asechanza sigue latente.

Para el ejercicio pleno del periodismo es imprescindible que el Estado garantice seguridad a los periodistas porque de nuestra labor depende también que la sociedad ejerza su derecho a estar informada, el derecho a saber.

Pero al ya de por si enrarecido ambiente, inseguro, criminal y de impunidad que arrastramos en este país, tenemos cada vez más latente una polarización a partir de etiquetas. No podemos aceptarlo.

Las etiquetas a medios de comunicación y periodistas provocan agresiones contra la profesión, inciden en la censura y la autocensura, y alientan a los enemigos de la democracia.

También laceran a nuestra sociedad de por sí quebrada, que en estos momentos, ante los embates exteriores necesita de unidad.

En esta álgida circunstancia, los periodistas tenemos el deber de seguir ejerciendo nuestra labor con mayor profesionalismo y responsabilidad.

Como lo hemos hecho, porque en este país si se ha abonado a la lucha contra la corrupción, contra las inequidades, ha sido desde la trinchera periodística, al exponer los grandes casos de corrupción, con nombre y apellido. Incluso hasta hemos marcado la ruta que las autoridades deben seguir para hacer su trabajo, y con ello hemos cumplido nuestro deber; lo que sigue le toca a las autoridades y si las autoridades son omisas, nos corresponde también exponerlo.
*
Aunque México sigue en los vergonzantes indicadores como uno de los países más mortíferos para la prensa, los comunicadores asumimos los riesgos, y lo hacemos como un deber para con la sociedad.
He vivido en carne propia duros embates por realizar de manera honesta mi trabajo como periodista, y lo seguiré haciendo por convicción. De manera que este reconocimiento es un aliciente. Con mi respeto es en memoria de nuestros colegas a quienes los enemigos de las libertades cobardemente les arrancaron la vida.

Visto 34 veces