● Aunque la tarjeta de crédito sigue siendo el instrumento más utilizado, los créditos
de libre inversión están ganando terreno como una alternativa más estructurada para
poder enfrentar una deuda con responsabilidad.
● Byron Flores Estevez, profesor de EAE Business School, perteneciente a la red de
educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza cómo los usuarios
están replanteando su relación con el crédito y qué factores están influyendo en
estas nuevas decisiones.
México, junio de 2026 — El acceso de los Mexicanos a productos bancarios sigue
siendo un fenómeno de crecimiento. La inclusión financiera del país ha aumentado
8.7%, según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera; 8 de cada 10 personas
tenían alguna cuenta de ahorro, crédito, seguro o afore. Según el reporte, 37.3 % de la
población dispone de al menos un crédito formal.


Esto pone en discusión qué tanto está creciendo la preferencia por los créditos frente a
las tarjetas, que durante años ha sido dominante por su flexibilidad y facilidad de uso.
Una de las razones, según expertos, es que son alternativas más estructuradas que
permiten tener mayor control sobre las finanzas.
«No creo que estemos viendo un reemplazo de la tarjeta de crédito», explica Byron
Flores Estevez, profesor de EAE Business School. «En su lugar, es quizás un cambio
en la forma como se utiliza. Cada vez más personas recurren a créditos de libre
inversión cuando necesitan ordenar su deuda o financiar gastos específicos, porque
ofrecen previsibilidad en pagos y mayor control financiero».
A diferencia de la tarjeta, que funciona como una línea abierta que se puede usar y
reutilizar, los préstamos personales establecen desde el inicio el monto, plazo y cuota
fija que se deberá pagar. Esta diferencia estructural está influyendo directamente en la
toma de decisiones de los usuarios.
Para corto plazo, según analiza el experto, la tarjeta es muy útil, pero cuando se
convierte en un mecanismo recurrente de financiación puede generar desorden. Es fácil
que la tarjeta se vuelva una extensión del ingreso, y eso es un error. El préstamo, en
cambio, obliga a planificar, y eso contribuye a mejorar la salud financiera del usuario.
El cambio de preferencia también puede responder a aquellos errores recurrentes,
como el de subestimar el costo real de la deuda, especialmente cuando se usan tarjetas
para cubrir gastos cotidianos de forma continua. Las pequeñas compras, acumuladas
con intereses, terminan generando una carga difícil de sostener. Y es que cuanto mayor
cupo en la tarjeta, mayor es la falsa sensación de capacidad de pago.
Es por eso que los créditos de libre inversión están encontrando un espacio relevante,
especialmente como herramienta para consolidar deudas o financiar gastos planificados
de mayor valor, como educación, vivienda o proyectos personales.
«Hay que tener en cuenta que acceder a estas opciones alternas a la tarjeta también
implica nuevos riesgos si no se gestionan correctamente», advierte Byron Flores. «La
facilidad para obtener el crédito, que hoy se puede desembolsar en segundos mediante

las apps bancarias, puede llevar a decisiones impulsivas o a niveles de endeudamiento
que superan la capacidad real de pago».
El docente subraya que tener acceso a un crédito no significa necesariamente poder
asumirlo, por eso recomienda, antes de tomar cualquier decisión, entender la capacidad
de pago real, comparar opciones y, especialmente, tener claridad sobre el propósito de
la deuda, especialmente ahora que las decisiones financieras están atravesadas por la
inmediatez y el consumo impulsivo.
Al final, el truco para usar créditos sin morir en el intento es cambiar cómo se entienden
estos, que no son una extensión automática del ingreso ni «dinero extra», sino una
herramienta que debe usarse con criterio y conocimiento. Si no se tiene, buscar el
asesoramiento de un experto para que el sueño que se quiera financiar no se convierta
en una pesadilla.

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su actividad profesional con la académica. La escuela tiene alianzas internacionales con instituciones de prestigio como Babson College, entre
otras.
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gracias a una red de empresas colaboradoras. Estos datos han permitido que EAE aumente la tasa de inserción de sus estudiantes y el ROI de
sus másteres, por lo que ha sido reconocida en los rankings internacionales Bloomberg y QS.
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con veintidós instituciones educativas en España, Andorra, Francia, Italia, Norte de África, Estados Unidos y Colombia. Cada año estudiantes
procedentes de 100 nacionalidades distintas, se forman a través de sus escuelas de negocios, universidades, escuelas superiores
especializadas y centros de formación profesional.

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