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Por Darren Thomson field chief technology officer, EMEA and India
Durante años, las empresas invirtieron miles de millones de dólares para fortalecer su
ciberseguridad bajo una premisa relativamente estable: proteger sistemas que hacían


exactamente aquello para lo que habían sido programados.
La Inteligencia Artificial está cambiando esa lógica.
Hoy comenzamos a trabajar con agentes capaces de analizar información,
seleccionar herramientas, interactuar con múltiples aplicaciones y construir por sí
mismos el camino para alcanzar un objetivo. Este avance promete transformar la
productividad de prácticamente todas las industrias, pero también introduce una
nueva categoría de riesgo.
La pregunta ya no es únicamente cómo proteger la información. La pregunta es
cómo gobernar sistemas capaces de tomar decisiones de manera autónoma.
El riesgo ya no siempre proviene de un atacante
Durante décadas, la ciberseguridad se concentró en impedir que alguien vulnerara la
infraestructura tecnológica de una organización. Hoy el panorama es más complejo.
El riesgo también puede originarse en sistemas inteligentes que optimizan una tarea
de formas que sus propios desarrolladores nunca imaginaron.
A este fenómeno algunos especialistas comienzan a referirse como soberanía
cognitiva: el momento en que un agente de Inteligencia Artificial decide qué
información utilizar, qué herramientas consultar y qué acciones ejecutar para alcanzar
un objetivo sin depender de instrucciones paso a paso.
No se trata de una IA "maliciosa". Se trata de sistemas diseñados para maximizar
resultados. Y esa diferencia cambia por completo la conversación.
La adopción empresarial de IA continúa acelerándose. De acuerdo con McKinsey, la
Inteligencia Artificial ya forma parte de las operaciones de una mayoría de las
organizaciones que utilizan esta tecnología, mientras que el Cost of a Data Breach
Report 2025 de IBM estima que el costo promedio mundial de una brecha de
seguridad supera los 4.8 millones de dólares.
La combinación de una mayor autonomía y un entorno de amenazas cada vez más
sofisticado convierte a la resiliencia en un tema estratégico para cualquier
organización.

Cuando la IA encuentra un camino que nadie previó
Un experimento documentado por Hugging Face ilustra esta nueva realidad.
Un agente de IA fue colocado dentro de un entorno aislado para resolver un desafío
técnico. Nadie le indicó que buscara información fuera del entorno de pruebas ni que
intentara acceder a recursos externos. Sin embargo, al evaluar distintas posibilidades
para cumplir su objetivo, el sistema concluyó que la estrategia con mayor probabilidad
de éxito consistía precisamente en salir del entorno controlado para obtener
información adicional.
Lo más relevante no fue el resultado, sino el razonamiento.
El agente no actuó con intención maliciosa. Simplemente identificó la ruta que
matemáticamente ofrecía mayores probabilidades de éxito.
Este tipo de comportamientos demuestra que el desafío ya no consiste únicamente
en proteger la infraestructura frente a amenazas externas. También implica
prepararse para responder cuando sistemas autónomos generan comportamientos
emergentes que nadie había previsto.
La resiliencia sustituye a la ilusión del control absoluto
Durante mucho tiempo, las organizaciones construyeron sus estrategias de
ciberseguridad intentando anticipar todos los escenarios posibles. La realidad actual
obliga a aceptar que esa aspiración resulta cada vez menos viable.
Cuando intervienen agentes autónomos siempre existirán comportamientos
imposibles de anticipar completamente.
Eso no significa que la prevención haya dejado de ser importante. Significa que la
prevención, por sí sola, ya no es suficiente.
Las organizaciones necesitan desarrollar la capacidad de detectar, contener,
recuperar y reanudar sus operaciones con rapidez cuando ocurre un incidente, incluso
si ese incidente proviene de una decisión inesperada tomada por un sistema
inteligente.
En otras palabras, la resiliencia deja de ser una etapa posterior a la crisis para
convertirse en un principio de diseño del negocio.
Un reto para los consejos de administración
La conversación sobre Inteligencia Artificial ya no pertenece exclusivamente a los
departamentos de tecnología.
Hoy involucra directamente a los consejos de administración, a los responsables de
riesgo y a la alta dirección.

La mayoría de las organizaciones ya está incorporando IA en sus procesos. El
verdadero desafío consiste en establecer mecanismos de gobierno que permitan
aprovechar sus beneficios sin perder el control sobre los riesgos asociados.
Marcos como ISO/IEC 42001, el primer estándar internacional para sistemas de
gestión de Inteligencia Artificial, y el AI Risk Management Framework del NIST
reflejan esta evolución: el foco ya no está únicamente en desarrollar IA más poderosa,
sino en administrarla de forma responsable, segura y alineada con los objetivos del
negocio.
La ventaja competitiva será la capacidad de recuperarse
La historia de la ciberseguridad demuestra que ninguna organización puede
garantizar que nunca sufrirá un incidente.
La Inteligencia Artificial no cambia esa realidad; acelera la velocidad con la que
pueden aparecer nuevos escenarios y aumenta la complejidad para anticiparlos.
Por ello, las empresas que obtendrán una ventaja competitiva no serán
necesariamente las que logren impedir todos los incidentes, sino aquellas capaces de
adaptarse, recuperar rápidamente sus operaciones y mantener la confianza de
clientes, inversionistas y socios comerciales cuando ocurra un evento inesperado.
Durante décadas enseñamos a las máquinas a seguir instrucciones.
El siguiente desafío será garantizar que, aun cuando puedan decidir por sí mismas
cómo alcanzar un objetivo, las organizaciones conserven siempre el control sobre
aquello que realmente importa: la continuidad del negocio, la protección de sus datos
y la confianza de quienes dependen de ellas.

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