máximos de un mes en torno a los US$85 por barril, mientras el WTI se aproxima a los US$80.
La reacción del resto de los activos, sin embargo, ha sido atípica. El oro ha caído en varias sesiones pese a la escalada, comportándose menos como refugio y más como un activo sensible a las tasas reales, que se mantienen en máximos de 15 meses. En su lugar, el dólar , medido por el índice DXY, se ha consolidado como el refugio preferido del mercado. En renta variable estadounidense, las caídas han sido moderadas: el S&P 500 y el Dow Jones retrocedieron entre 0.6% y 1% en las jornadas de mayor tensión, con el VIX subiendo hacia los 16 puntos, lejos de niveles de pánico. El bitcoin fue de los activos más golpeados, con caídas superiores a 3%, hasta rondar los US$61.700.
Inflación a la baja, pero una Fed que no se adelanta
El dato de inflación de junio en Estados Unidos sorprendió a la baja: la variación anual del IPC cayó a 3.5% desde 4.2%, con una contracción mensual de 0.4%, la primera en seis años y una inflación subyacente que no avanzó en el mes. La sorpresa redujo de forma notable las probabilidades de un alza de tasas que el mercado había empezado a incorporar.
Sin embargo, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, fue claro en su primera comparecencia ante el Congreso: un solo reporte favorable no cierra el debate, y el objetivo de 2% sigue lejos. Esa combinación, datos mejores, pero una Fed que se niega a dar señales anticipadas, deja al mercado atrapado entre dos fuerzas de cara al segundo semestre. Por un lado, el alivio inflacionario abre espacio para eventuales recortes en 2027; por el otro, un petróleo sostenido por encima de US$80-85 podría revertir esa desinflación vía costos de energía y transporte, obligando a la Fed a mantener una postura restrictiva por más tiempo.
El escenario a vigilar no es uno solo, sino tres: una escalada contenida con bolsas resistentes; un shock de inflación por energía que presione a los bancos centrales;o un entorno de aversión al riesgo generalizada, con fortalecimiento del dólar y presión sobre la renta variable.
México: peso estable, riesgo acotado y Banxico en pausa
El tipo de cambio USD/MXN cerró el 15 de julio en torno a $17.38-17.42, dentro de su rango de 52 semanas (17.09-18.99), sostenido por un diferencial de tasas de alrededor de 275-300 puntos base frente a la Fed (Banxico en 6.50% frente a un rango de 3.50%-3.75%), además de los flujos asociados al nearshoring y el efecto del Mundial 2026.
El petróleo más caro tiene un efecto mixto para el país. Como productor y exportador de petróleo crudo a través de Pemex, unos mayores precios del crudo apoyan los ingresos petroleros y las cuentas fiscales; pero la limitada capacidad de refinación implica que buena parte de esa mejora se compensa con mayores costos de importación de gasolinas, moderando el beneficio cambiario respecto a otros exportadores de la región.
En materia de precios, el INPC de junio ya sorprendió a la baja, con una variación mensual de -0.27% y una subyacente de apenas 0.24%. Por ello, un choque de costos energéticos es el principal riesgo al alza para el segundo semestre, más que un factor que fuerce a Banxico a actuar. El consenso de mercado sigue esperando que la tasa de referencia permanezca en 6.50% durante el resto de 2026 y a lo largo de 2027, y la escalada en Medio Oriente hasta ahora refuerza esa pausa, no la cambia, salvo que el Brent se sostenga de forma duradera por encima de US$85.
En el margen, la próxima ronda bilateral de la revisión del T-MEC, prevista para el 20 de julio, podría pesar tanto o más que Ormuz sobre el peso en las próximas dos semanas.

