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Ciclo Historia de Baja California

 
** La Dra. Isabel Povea Moreno, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC, explica el papel que jugó el trabajo indígena en las misiones de la antigua California.TIJUANA, B.C.- El trabajo indígena fue uno de los engranajes centrales del orden colonial establecido en la América hispana tras la Conquista y ello no fue ajeno al proceso de colonización de la antigua California, planteó la Dra.
Isabel Povea Moreno durante la conferencia “Trabajo y violencia en las misiones californianas”, que pronunció este miércoles 14 de agosto en el Centro Cultural Tijuana, organismo de la Secretaría de Cultura.
La Dra. Povea Moreno es académica del Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC y se ha especializado en temas relacionados con el trabajo indígena en la producción minera durante la época colonial, que tantos beneficios arrojó a la economía de la metrópoli española.
Durante su intervención, como parte del ciclo “Historia de Baja California” que ofrece el CECUT en colaboración con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC, la conferencista trazó un gran arco de tiempo que fue de 1768, que marca la llegada de los primeros misioneros a la antigua California, hasta 1821, año de la consumación de la Independencia.
Doctora en Historia por la Universidad de Granada, España, la investigadora ubicó el interés por colonizar la península californiana en el marco de la expansión de los dominios hispanos en la cuenca del Pacífico, motivada en parte por el temor a una eventual “invasión” rusa y la presencia inglesa en la costa occidental de la Nueva España.
Para la Corona española, la posesión del vasto territorio que comprendía la antigua California se consideraba estratégica por su ubicación geográfica, al encontrarse en la ruta comercial con Filipinas, explicó la Dra. Povea Moreno, al señalar que la Nao de China debía contar con un puerto en el cual abastecerse antes de atracar en Acapulco o bien para resguardarse de los ataques de corsarios británicos que merodeaban también en el Pacífico.
El imperio español temía la posible expansión rusa en el Pacífico novohispano, añadió, toda vez que ya desde esa época los rusos comerciaban con los indígenas de la zona, a quienes compraban pieles de nutria y aceite de ballena.
En ese marco de cosas, el interés por ocupar la antigua California dio pie a la autorización de establecimientos misionales cuyo interés principal, más allá del propósito declarado de evangelizar a los nativos, era contar con fuerza de trabajo, porque se tenía muy claro que era indispensable para la explotación agrícola, minera y el pastoreo de ganado, actividades introducidas en las nuevas tierras conquistadas, argumentó la historiadora.
Precisó que desde la óptica misional, se consideraba que el trabajo no solo disciplinaría a los pobladores seminómadas de la península, a los que se consideraba holgazanes, displicentes, en estado de barbarie y “habitantes de territorios dominados por el demonio”, conforme a varias fuentes de la época, sino que era la llave para civilizarlos.
El calificativo más empleado por los misioneros para referirse a los lugareños fue “bárbaros” que “se diferenciaban poco de las bestias”, recordó la académica al especificar que “el cumplimiento de jornadas obligatorias de trabajo y la apropiación de la riqueza agrícola por parte de las misiones, desarticuló la antigua organización social indígena”, lo que terminó pasando factura a las poblaciones locales que sufrieron un severo declive demográfico atribuible no solo a las enfermedades traídas por los extranjeros, sino sobre todo a la modificación radical de sus formas de vida y sustento.
La Dra. Povea Moreno rechazó que los nuevos ocupantes de la península se hayan propuesto el exterminio de los indígenas, porque eran conscientes de que sin ellos la explotación tanto agrícola, como minera, no sería posible, de modo que la modalidad que adoptó el trabajo en las misiones estuvo cercana a la esclavitud.
Se trataba de trabajo coercitivo y reglamentado que no empataba con las formas de organización indígena previas a la llegada de los misioneros, quienes no dudaron en imponer penas corporales para quienes se negaban a someterse a labores obligatorias. A los indígenas se les empleaba lo mismo en la producción del campo, como en las minas y en obrajes diversos, ya que por la lejanía de estas tierras era necesario fabricar algunos enseres para abastecer a las misiones y presidios establecidos para impulsar la colonización de la antigua California, concluyó la Dra. Povea Moreno.
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