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Ritual de los pueblos originarios

** El maestro Arturo Meza Gutiérrez, estudioso de las culturas ancestrales del país, encabeza la ceremonia de "amarre del tiempo" para despedir al año 6 tochtli (conejo) y recibir al año 7 ácatl (carrizo), en compañía un grupo de danzantes.

TIJUANA, B.C.- Este martes 12 de marzo, al filo de las 12:00 horas, agonizaba el último día "nemontemi", con lo que terminó el año 6 tochtli (conejo) para dar paso al año 7 ácatl (carrizo), conforme a la cuenta del tiempo de los pueblos ancestrales, y con ese motivo se llevó a cabo una ceremonia de bienvenida al año nuevo nahua, encabezada por el maestro Arturo Meza Gutiérrez en el Foro Luna del Centro Cultural Tijuana, organismo de la Secretaría de Cultura.

 

"Los mexicanos estamos de fiesta. Varios días antes de que el Sol esté en medio de su camino entre el Solsticio de Verano y el Solsticio de Invierno, hay un momento en que la Tierra empieza a trabajar en el hemisferio norte y todo comienza a rejuvenecer; el espíritu de la Tierra anciana que estuvo descansando a lo largo del invierno logra regenerarse, los corazones se animan y empieza a trabajar algo en el interior de nosotros que es la continuidad de las especies; es el momento en el que el día y la noche son iguales en duración", explicó el maestro Meza Gutiérrez.

La ceremonia dio inicio con la formación de un círculo de danzantes alrededor de una pequeña ofrenda compuesta por frutos, flores y carrizos, presidida por una figura de barro en representación de Coatlicue, la madre Tierra, y prosiguió con el saludo al Sol dirigido a los cuatro vientos y el centro, empezando por el Oriente, "donde sale el Sol convertido en un colibrí y se eleva como un águila esplendente en la mitad del cielo".

"Necesitamos abrir nuestros corazones y cargarnos de la energía del Sol, que es el portador del Tona, por eso se llama Tonatiuh, para llenarnos de luz, de calor, de esa calidez que necesitamos compartir con nuestros hijos y nuestros semejantes en el año que comienza", dijo el maestro Meza Gutiérrez, quien fue explicando el simbolismo de cada paso de la ceremonia.

Al compás del huéhuetl (tambor nahua), las largas notas del caracol marino y el sonido de ocarinas de barro, aromatizado todo el conjunto por nubes de copal que no dejó de humear dentro de pequeños incensarios, la ceremonia ritual transcurrió con danzas en torno a la ofrenda colocada en el centro del Foro Luna, en cuyo derredor se despliegan réplicas de esculturas prehispánicas muy adecuadas para la ocasión.

"Esta no es una ceremonia religiosa, somos un grupo de profesores que estudiamos las culturas antiguas y tratamos de que no se pierda nuestra identidad, de que la recuperemos, porque solo así podremos salvar a nuestro país", aseguró el maestro Meza Gutiérrez, investigador de las culturas de los pueblos originarios.

Explicó que el pensamiento de los pueblos ancestrales de nuestro país estaba regido, más que por dioses, por una minuciosa observación de los elementos de la naturaleza, de ahí que conjuntara astronomía, cálculos matemáticos muy exactos para medir el tiempo y un profundo conocimiento de todo cuanto rodeaba al hombre en su paso por el mundo. "Curiosamente, no se hablaba de dioses, pues el pensamiento religioso lo introdujeron los españoles a partir de 1547", aseguró el investigador.

El ritual alcanzó su punto culminante con el "amarre de los tiempos", simbolizado por el atado de un conjunto de carrizos o cañas y que estuvo a cargo, por invitación de los participantes en la ceremonia, de la maestra Iraís Piñon, coordinadora del Programa de Pueblos y Culturas Indígenas del CECUT.

"Un carrizo representa el tiempo que se va acumulando en atados de 13 años y este 12 de marzo, en el último día 'nemontemi', de acuerdo con la cosmogonía nahua, feneció el año tochtli y nació el año ácatl, que es el verdadero inicio del Solsticio de Primavera y no el 21 de marzo" como apunta el pensamiento occidental, sostuvo el estudioso de las culturas ancestrales.

"El equinoccio real es el 12 de marzo", insistió el maestro Meza Gutiérrez, "es el medio día astronómico muy tendido al sur, por eso se le llama en lengua antigua el colibrí de su lado sur, Huitzilopchtli, que no tiene nada que ver con un dios, sino que es el Sol que sale más veces de su lado izquierdo en la mañana vibrando como un colibrí".

Esta ceremonia del año nuevo nahua se sigue representando en la Sierra Norte de Puebla y en innumerables comunidades indígenas del país, así como en ciudades como San José y San Francisco, California, como parte de la recuperación de la auténtica identidad mexicana, señaló el estudioso de las culturas ancestrales.

Para conocer el resto de nuestras actividades puede consultar los portales www.cecut.gob.mx, www.mexicoescultura.com o en www.facebook.com/cecut.mx.

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