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Plaza Cívica
El machetazo propinado al presupuesto nacional comienza a tener consecuencias.
Aunque en diversos temas y distintas partes del país sus efectos ya se han resentido,
nada ha sido más visible que los incendios forestales observados durante los últimos
días. La memez del machetazo tuvo su mejor imagen más representativa en las
grandes nubes de humo que posaron sobre los cielos nacionales, obsequio de los
satélites de la NASA. Y fue una memez porque los fuegos y la contaminación no fueron
resultado de causas fortuitas o fuerzas mayores, sino de los prevenibles recortes
realizados por el gobierno federal.
 
Generalmente asociamos la importancia del Estado con grandes temas, como Fuerzas
Armadas y seguridad nacional, policías y seguridad pública, jueces y justicia, y
médicos y salud. Sin embargo, el Estado también realiza una gran cantidad de
medianas y pequeñas tareas que resultan fundamentales para el funcionamiento
diario del país y el buen vivir de sus ciudadanos y que poco, o nada, sabemos de ellas.
Ese es el tema central del nuevo libro del reconocido autor norteamericano Michael
Lewis, titulado “The Fifth Risk” (“El Quinto Riesgo”), escrito con razón de la llegada de
Donald J. Trump al poder. En sus páginas, Lewis hace una extensa crítica al
aborrecimiento que sienten los nuevos funcionarios trumpistas hacia las tareas de
gobierno, el rechazo a las consideraciones técnicas, la aversión a los hechos y,
finalmente, el consecuente “drenado” de funcionarios públicos. Y por más irónico que
nos resulte, esto nos explica mucho de lo que actualmente sucede en nuestro país bajo
la administración de Andrés Manuel López Obrador.
 
En estos seis meses que han transcurrido desde la toma de posesión del presidente de
la República han surgido considerables problemas precisamente asociados a estas
pequeñas y medianas tareas estatales y cuyos estragos se comienzan a palpar. En este
sentido, vale la pena recordar la reducción de fondos en estancias infantiles, albergues
 
para mujeres que sufren violencia, ciencia y tecnología (CONACYT), compra de
medicamentos, promoción turística y comedores comunitarios, entre otros. Parte del
problema resulta en que poco se sabe qué otras áreas se verán afectadas por la
naturaleza indiscriminada del recorte presupuestario. Por ello, cuando una muy
inusual capa negra de humo se apostó sobre la otrora región más transparente, oh
sorpresa, le recortaron también al medio ambiente.
 
La extraordinaria contaminación sufrida en la Ciudad de México y sus alrededores
tuvieron causas igualmente extraordinarias, tanto naturales como humanas. Naturales
porque como comentó el Dr. Ricardo Prieto González, funcionario del Sistema
Meteorológico Nacional (SMN), hubo temperaturas por arriba de lo normal, menores
lluvias y un alargamiento de la sequía, entre otros. Pero humanas también porque,
como nos enteramos después, el gobierno federal le redujo el presupuesto a la
Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) en un 30%, y suspendió el Programa de
Empleo Temporal (PET), a través del cual se contratan a mexicanos para darles
empleo como brigadistas y combatir así los incendios forestales.
 
Los programas mencionados son poco conocidos por los ciudadanos, tienen un gran
impacto en la vida de millones de mexicanos, y algunos ya han desaparecido y otros
han sufrido fuertes recortes presupuestarios. Esto tiene su explicación en gran medida
en el famoso machetazo presupuestal del presidente, hecho así por la prisas que tiene
el jefe del Ejecutivo en implementar sus propios programas sociales clientelares con
las miras en las siguientes elecciones. Peor aún, no podemos perder de vista que el
problema no es solo de naturaleza programático, sino también personal: los recortes
de servidores públicos, hechos también indiscriminadamente, y con las mismas
intenciones que las comentadas anteriormente.
 
Recientemente un periódico nacional reportó que 196 plazas clave del gobierno
federal se encuentran aún vacantes, y además, con sueldos reducidos en un 43%. Nos
va a salir más caro el caldo que las albóndigas. Y probablemente, ni albóndigas habrá.
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