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Plaza Cívica
Al país lo están debilitando, sin querer queriendo. El presidente de la República tiene
como fin una “Cuarta Transformación”, aunque elimina los medios para hacerlo. El jefe
de Estado mexicano tiene prisa y corre sin darse cuenta que se auto-sabotea, lo que
solo augura una caída. Y el problema es que esa caída no solo representará en mayor
medida el fracaso de su gobierno, sino la de todo el país.
 
Existen dos profundas contradicciones en la actual administración federal. La primera
es proclamarse como un gobierno de izquierda, mientras se dedican a adelgazar al
Estado mexicano. La segunda consiste en apurar al gabinete federal para llevar a cabo
los planes sexenales, mientras se les quitan los instrumentos necesarios para
realizarlos.
 
El adelgazamiento del Estado mexicano que se está llevando a cabo se realiza sobre un
cuerpo ya de por sí delgado. Realmente no se está removiendo grasa indeseable, pues
poca hay, sino el poco músculo existente, el cual resulta esencial. Pongámosle
contenido a las palabras, y veamos tres rubros esenciales: gasto público, balance fiscal
y burócratas empleados.
 
Según cifras de la OCDE (Government at a Glance 2017), el gasta público en México es
de 24.5% como porcentaje del PIB, mientras que en el resto de los países de la
organización la media es de 40.9%. Por otra parte, el balance fiscal en México es de
-0.9%, mientras que en los demás países la media es de -2.8%. Finalmente, aunque
México no reporta número de burócratas empleados como porcentaje del empleo
total, la media para países de la OCDE es de 18.1%. Lo anterior nos indica tres cosas.
Primero, el gasto público en México es muy escaso. Segundo, México recauda muy
poco. Tercero, aunque desconocemos la cifra de empleados públicos como porcentaje
del empleo total, puedo asegurar que es muchísimo menor a la de aquéllos países de la
 
OCDE. ¿Por qué? Precisamente porque recaudamos poco, gastamos poco, y tenemos
importantes déficits en policías, jueces, médicos, etc. En esencia: no hay exceso de
burócratas, sino escasez.
 
El Estado mexicano está flaco, muy flaco, y lo quieren enflacar más. Nos quieren hacer
creer que el “ahorro” vendrá de despedir a asesores y secretarias, y aunque sin duda
hay abusos y se deben combatir, en la práctica no repercutirán sustancialmente. El
“ahorro” realmente provendrá del recorte a servicios básicos fundamentales y
servidores públicos esenciales.
 
Ejemplos abundan. Recortes presupuestales a institutos y hospitales de alta
especialidad, lo que ya se traduce en menos servicios y menor personal de salud.
Recortes presupuestales en la banca de desarrollo que ya han producido la renuncia
de alrededor de 300 directivos, muchos sustituidos por trabajadores de base. Recortes
presupuestales en el SAT que han producido el despido de cientos de servidores
públicos en distintos estados del país sin justificación alguna. Y podríamos seguir. El
exceso queda claro cuando inclusive un empresario sin experiencia en el sector
público como Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, recientemente
comentó en una reunión con socios de la American Chamber Mexico (AmCham):
“Pasaremos de una austeridad republican a una pobreza franciscana. La semana
pasada, en las últimas dos semanas nos han pedido más recortes. El problema de
recortar tanto es que veo a las secretarías agobiadas, por eso las defiendo, porque les
quitaron gran parte de su presupuesto y de la gente.”
 
Parece ser que el presidente de la República ha regañado a sus secretarios de estado
ante el rezago en la implementación de sus programas sociales, y crece su
impaciencia. ¿Qué pasará cuando no sean implementados a cabalidad ante la
imposibilidad por los recortes realizados, con un presidente que tiene un don para
crear chivos expiatorios, culpar a otros, polarizar?
 
Lo que sucede cuando el jefe del Estado mexicano ama la parte de jefe, pero desprecia
la parte de Estado.
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