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Plaza Cívica

Existe en el país un evidente desfogue popular con la elección de Andrés Manuel López Obrador. Si tenemos altas tasas de decepción con nuestra democracia, de desconfianza en nuestras instituciones y de sospecha hacia las élites nacionales, las crecientes y altísimas tasas de popularidad del presidente son prueba perfecta de ese desahogo nacional. Pero existe de manera más concreta otra señal de esa confianza pública en el presidente, de ese extendido sentimiento popular que manifiesta que este gobierno es “el nuestro”: las múltiples huelgas laborales que han estallado en el país. Es el regreso de los olvidados trabajadores mexicanos.

 

Los sindicatos resultan esenciales para el equilibrio económico y político de cualquier país. En su vertiente económica, son la única manera en que las masas de trabajadores se pueden organizar para exigir mejores condiciones laborales que de otra manera difícilmente les serían otorgadas. Pero los sindicatos también tienen una vertiente poco conocida, y es la política. El reconocido sociólogo estadounidense, Seymour Martin Lipset, publicó en 1959 un estudio ya clásico titulado “Democracia y autoritarismo de la clase trabajadora”, en el cual argumenta que los trabajadores tiene importantes inclinaciones autoritarias, y que los sindicatos sirven para contrarrestarlas promoviendo una cultura democrática en su interior, la promoción y canalización del voto, e inclusive funcionan como amortiguador entre las clases populares y las seducciones de políticos autoritarios y populistas. Es por ello que el ascenso de Donald Trump en EUA y de los partidos de la extrema-derecha en Europa no se pueden entender sin el considerable debilitamiento de estas organizaciones laborales.

En México, los sindicatos fueron pieza fundamental para alcanzar las llamadas “conquistas laborales”, y aunque su cooptación por parte del partido dominante ayudo a éste a mantenerse en el poder, fueron sin embargo capaces de mantener márgenes de independencia que se traducían en contrapesos al poder imperial del presidente. La democracia en el país ha traído paradójicamente el debilitamiento de los sindicatos, y esto explica en parte los salarios de penuria, estancamiento en la pobreza, aumento de la desigualdad y ascenso del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

Si las organizaciones sindicales resultan fundamentales para la vida económica y política del país, resulta esencial no repetir algunos de los errores que han llevado a su debilitamiento: liderazgos corrompidos, falta de democracia en su interior y de competencia sindical, y cooptación por parte de autoridades estatales. En este sentido, recientemente se dieron pasos en la dirección correcta: la reforma laboral de 2016 a través de la cual se transfieren los conflictos laborales al Poder Judicial, así como la ratificación del Convenio 98 de la OIT con la cual se eliminan los contratos de protección y fortalece la democracia y competencia sindical. Sin embargo, las recientes acciones del presidente de la República indican un sabotaje a las reformas. La primera acción que ha tomado en ese sentido tiene que ver con el recorte presupuestal al Poder Judicial, con lo cual será imposible construir la infraestructura necesaria para establecer los tribunales especializados en materia laboral. La segunda es el intento de establecer un Centro Nacional de Conciliación y Registros Laborales, lo cual le daría facultades al presidente para vigilar el cumplimiento de la democracia sindical, traduciéndose en control político y debilitamiento del Poder Judicial. Y la tercera es su afinidad a personajes con serios señalamientos de corrupción, notablemente Napoleón Gómez Urrutia y Elba Esther Gordillo.

Como con tantos otros temas, el presidente no está dejando bases sólidas. Su llegada al poder podrá beneficiar de manera inmediata a los trabajadores, pero su deseo de concentrar excesivamente el poder puede llevar a un nuevo autoritarismo sindical, y su falta de compromiso con la ley al debilitamiento de la justicia laboral. Y eso inevitablemente terminaría afectando a quienes más dice representar y defender: las clases trabajadoras mexicanas.

  1. @FernandoNGE
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