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Plaza Cívica
Existe un largo debate en torno a las causas de la corrupción. Una de las teorías más
controvertidas es que ésta es producto de la cultura, y por lo tanto es difícil o
imposible erradicarla. En este sentido nos viene a la mente nuestro ex-presidente
Enrique Peña Nieto, quien en un evento de los 300 líderes más influyentes de México
en 2014 dijo que “la corrupción es un asunto cultural”, y en el Foro Económico
Mundial en 2015 bajó un poco el tono diciendo que “la corrupción es un asunto de
orden a veces cultural”. Era la adopción de la teoría cultural como pretexto para la
inacción. Por ello, la sociedad civil le tuvo que imponer el Sistema Nacional
Anticorrupción (SNA), el cual saboteó.
 
Entonces, ¿es la corrupción un problema cultural? El gran problema radica en poder
separar la cultura de la ley. ¿Es una sociedad corrupta porque así son sus miembros, o
porque no hay aplicación de la ley? Un estudio de 2006 hecho por los economistas
Raymond Fisman y Edward Miguel, titulado “Culturas de la corrupción: evidencia de
multas a diplomáticos” (Cultures of corruption: evidence from diplomatic parking
tickets), separó efectivamente ambos factores, arrojando resultados reveladores. Los
autores analizaron las multas impuestas a diplomáticos de diversos países (incluido
México) en la ciudad de Nueva York: antes de 2002 recibían multas, pero no tenían
que pagarlas; después de 2002 tuvieron que comenzar a hacerlo. Los diplomáticos
traen la cultura de sus respectivos países, y no pagar multas implica un acto de
corrupción: en el primer caso el pago dependerá únicamente de su cultura, en el
segundo existe ya la aplicación efectiva de la ley. Tres son las conclusiones.
 
La primera es que existe una muy fuerte correlación entre el comportamiento de los
diplomáticos y la corrupción existente en sus respectivos países: aquéllos
provenientes de países corruptos no pagaban multas (antes de 2002), aquéllos
provenientes de países con rendición de cuentas las pagaban. Vaya, la cultura importa:
 
“Las normas relacionadas con la corrupción están aparentemente muy arraigadas, y
otros factores además de la aplicación legal son determinantes importantes de la
conducta de corrupción.”
 
La segunda es que aquéllos diplomaticos de países menos amigables con EUA tendían
a pagar menos las multas, y aquéllos más amigables cumplían más cabalmente: “Una
implicación de este hallazgo es que los "sentimientos" de los funcionarios del gobierno
hacia su propia nación, por ejemplo, el alcance del patriotismo, el orgullo nacional o la
fortaleza de la identidad nacional, también podrían ser factores en su decisión de
corrupción dentro del país de origen”.
 
La tercera es que cuando comenzó la aplicación de la ley en 2002 hubo un cambio de
comportamiento: comenzaron a pagar las multas: “…los esfuerzos de la
administración Bloomberg en la ciudad de Nueva York en 2002 tuvieron un gran éxito
en cambiar los comportamientos de los diplomáticos, y sería útil saber si estos
cambios podrían haber tenido efectos persistentes en las normas una vez que los
individuos se habitúan para cumplir con las normas.”
 
Entonces: la cultura es un factor cuando de corrupción se trata; la aplicación efectiva
de la ley cambia comportamientos; probablemente, el patriotismo tiene una
incidencia positiva en su combate.
 
De los 146 países analizados, México se encontraba en el lugar 91 (146 el más
honesto, 1 el menos). Ni muy corruptos ni muy honestos: mediocres. Tiene sentido.
 
¿Recuerdan el Sistema Nacional Anticorrupción? Tenía cuatro ejes: fiscalía (FGR),
justicia administrativa (TFJA), auditoría interna (SFP), auditoría externa (ASF). La
fiscalía y la auditoría interna tendrán una disminución de recursos este año; la justicia
administrativa ha sido en gran parte eliminada, y solo la auditoría interna recibió un
aumento en su presupuesto. Pero no importa, porque la corrupción se combate con el
ejemplo.
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