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Plaza Cívica
Ha iniciado el nuevo gobierno, y ya tenemos un choque de poderes. El tema de salarios
y austeridad que está en el centro del debate entre el Poder Ejecutivo y el Poder
Judicial es solo uno de tantos más que en conjunto anuncian la vulneración de la
independencia judicial, de la separación de poderes, de los contrapesos
institucionales. Lo que estamos observando no es simplemente un desacuerdo en
materia de política pública, sino el peligroso intento de violar principios democráticos
elementales.
 
Existe un intento de avasallamiento de un poder sobre los otros. La personalidad
impulsiva del presidente de la República se ve robustecida por las mayorías obtenidas
en el Congreso de la Unión, donde legisladores de MORENA no solo pertenecen al
mismo partido que el presidente, sino en gran parte le deben sus puestos al
presidente mismo porque fue él quien fundó el partido que los llevó al poder. Por ello
no resulta raro la bravuconada de intentar forzar la reducción de salarios de jueces,
magistrados y ministros cuando claramente el presidente no tiene facultades para
ello. Finalmente, y por el momento, el presidente ya se abstuvo.
 
El Poder Legislativo ha sido en gran parte absorbido por el Poder Ejecutivo de manera
legítima mediante las urnas, y al menos por los siguientes tres años. Resulta un tanto
natural que el siguiente movimiento sea el intento de absorción del Poder Judicial
cuando tenemos un presidente que ha concentrado el poder en su persona como no
visto en décadas, que muestra poca deferencia institucional, que tiene un vocabulario
alérgico a la palabra “ley”, que ha denostado fuertemente a sus opositores políticos, y
que cree que tiene el monopolio sobre la representación del pueblo mexicano.
 
El pretexto son los salarios, y aunque el objetivo es el Poder Judicial, el enfoque son los
ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). El presidente tiene
 
razón cuando comenta que los ministros tienen salarios con prestaciones muy
elevadas, y que deben de aplicar medidas personales de austeridad. Ése es un tema
que ha rondado la agenda pública durante algunos años ya y en el que nunca se ha
llegado a un acuerdo; hay una serie de temas jurídicos que no han quedado del todo
claros. Sin embargo, el presidente no se ha presentado con argumentos más
elaborados y formas más respetuosas -algo que hubiera generado mayor simpatía-
sino con sentencias fulminantes que han provoca manifestaciones violentas afuera de
la Corte. El tema de los salarios preocupa aún más si se pone en contexto con otras
medidas que se han propuesto y que tienen un fuerte tufo de indebida injerencia:
cuotas de género, rotación de plazas, y sobre todo, el envío de una terna con una ex-
diputada por MORENA y una ex-candidata a gobernadora por el mismo partido. Esto
último, tal vez, ni en tiempos del régimen autoritario.
 
Habrá rotación en la presidencia de la SCJN, y el ministro Arturo Zaldívar ha puesto en
el centro el tema de salarios y el problema del nepotismo, lo que en su persona resulta
creíble. Pero igualmente el muy reconocido ministro saliente, José Ramón Cossío, en
su discurso de despedida, advirtió sobre la crisis democrática que vive México. Y más
adelante nos dice: “Así como la democracia necesita demócratas, una justicia
constitucional requiere jueces constitucionales. Jueces que estén sosteniendo una
plaza, que es la Constitución. La tentación de apoderarse de la justicia constitucional,
de destruir la justicia constitucional, de hacer cosas distintas con la justicia
constitucional, es importante. Este es el tiempo de los jueces constitucionales, no
como un ego profesional, no como una condición personal, sino como forma de
mantenimiento de los procesos civilizatorios”. Y ése es el poder constitucional que
intenta ser avasallado, y el principio democrático que debemos mantener a toda costa.
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