banner-caliente

tuvotosehizovaler

foto-robertos

 
 
Plaza Cívica
La cancelación de lo que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM)
fue un error mayúsculo empaquetado en disparates y envuelto en falsedades. Ya
mucho se ha escrito sobre las implicaciones económicas que dicha cancelación tendrá
para el país, y no es la intención de esta columna repetirlo. Lo que nos proponemos
abordar es el mecanismo por el cual se canceló el que sería el proyecto de
infraestructura más grande de los últimos años, mecanismo que mucho nos habla de
la idiosincrasia del próximo presidente: la “consulta popular”.
 
Las consultas populares han sido tema de análisis desde la antigüedad griega, cuna de
la democracia. Aristóteles (siglo IV a.C.) les dedicó mucha tinta en su libro Política,
específicamente en un capítulo titulado Especies diversas de democracia, del cual vale
la pena hacer tres citas. En él, quien fuese maestro de Alejandro Magno nos advierte
de los efectos nocivos de una especie particular de democracia: “Una quinta especie
tiene las mismas condiciones, pero traspasa la soberanía a la multitud, que reemplaza
a la ley; porque entonces la decisión popular, no la ley, lo resuelve todo. Esto es debido
a la influencia de los demagogos”. Empieza la crítica a los demagogos, quienes
rechazan la ley y deforman la democracia: “Los demagogos sólo aparecen allí donde la
ley ha perdido la soberanía… Los demagogos, para sustituir la soberanía de los
derechos populares a la de las leyes, someten todos los negocios al pueblo porque su
propio poder no puede menos de sacar provecho de la soberanía del pueblo de quien
ellos soberanamente disponen, gracias a la confianza que saben inspirarle.” Y nos
termina previniendo: “Por otra parte, todos los que creen tener motivo para quejarse
de los magistrados, apelan al juicio exclusivo del pueblo; éste acoge de buen grado la
reclamación, y todos los poderes legales quedan destruidos… Si la democracia es una
de las dos especies principales de gobierno, el Estado donde todo se resuelve de plano
mediante decretos populares no es, a decir verdad, una democracia, puesto que tales
decretos no pueden nunca dictar resoluciones de carácter general legislativo”.
 
Parece ser que Aristóteles sigue vivo entre nosotros, y es mexicano. Porque la reciente
“consulta popular” realizada por el Presidente-electo no solo atenta contra los
intereses económicos del país, sino peor aún atenta contra nuestra democracia
constitucional.
 
La decisión de una obra de esta magnitud se debió de haber dejado a los liderazgos
políticos y técnicos, estos últimos aprobándola en su abrumadora mayoría. Pero si
quien será el próximo Presidente insistía en realizar una consulta popular, la
Constitución nos señala el camino a seguir… y fue totalmente ignorada. Por si fuera
poco, la consulta popular no fue representativa de la población, por lo cual no fue
democrática. Nuevamente: la transgresión a nuestra democracia constitucional.
 
Y, ¿qué nos dice lo anterior sobre el carácter de Andrés Manuel López Obrador? Tres
rasgos sobresalen: autoritario, demagogo, populista. Autoritario porque, nuevamente,
AMLO hizo una consulta popular a modo, haciendo caso omiso de la Constitución.
Demagogo porque la consulta popular tiene como fin halagar al pueblo al poner
directamente en sus manos los asuntos de mayor relevancia nacional. Populista
porque la consulta popular tiene como propósito ganarse a las clases populares,
fusionando la voluntad del líder con la del pueblo. El común denominador: la violación
a las leyes, el desprecio a las instituciones. Y ya de paso, la locura.
 
El caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) no será la excepción,
sino la regla. AMLO ya anunció que reformarán la figura de la consulta popular para
que haya más de éstas, y en más temas. La alergia a las instituciones y a la ley nunca
augura buenos caminos. Ahí están las palabras de un genio, las lecciones de la historia.
Visto 76 veces
Valora este artículo
(0 votos)