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Plaza Cívica
Hay un tema de moda en el país: la sociedad civil. Desde pequeñas asociaciones de
vecinos hasta organizaciones no-gubernamentales nacionales, la nueva sociedad civil
mexicana es contemplada con especial entusiasmo y positiva obstinación por
importantes segmentos de nuestra sociedad. Y aunque sin duda resulta un
acontecimiento laudable, su desarrollo también nos habla de un lado oscuro de la vida
política nacional.

Nuestra reciente democracia ha traído un sin fin de frutos, siendo uno de éstos
precisamente el crecimiento de la sociedad civil mexicana. Resulta natural que la
libertad política obtenida, la creciente consciencia de los problemas públicos, el
aumento en el número de ciudadanos preparados y finalmente una sociedad más
compleja hayan traído consigo nuevas formas de agrupación, mayores espacios para
platicar y debatir, y mejores propuestas de política pública. Si en el México de
principios del S. XX había por una parte una masa de campesinos analfabetas y por la
otra una pequeñísima élite cosmopolita que decidía los destinos nacionales, a inicios
del S. XXI tenemos diversos estratos sociales que se equilibran en cierta medida y
enriquecen la política nacional.Sin embargo, el crecimiento de las organizaciones de la sociedad civil también tiene
otras implicaciones, y algunas advertencias. Si éstas son producto de nuestro régimen
democrático, también son en parte producto de la debilidad del Estado mexicano.
“Sociedad civil” es un término que no solo hace referencia a conocidas organizaciones
no gubernamentales como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO),
Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) o Transparencia Mexicana
(TM), sino también pudiesen aludir a grupos de auto-defensas surgidos en estados
que han sido azotados por el crimen organizado, a innumerables asociaciones de
padres de familia que buscan a sus seres queridos desaparecidos, a asociaciones devecinos cuyas vidas continúan interrumpidas tras los daños del sismo del 19 de
septiembre. La solidaridad y el espíritu comunitario en este último caso debe ser sin
duda aplaudido, pero también debemos de reconocer que en parte ese espíritu surgió
de la mera necesidad, de la falta de servicios públicos. Si los terremotos del `85 y del
`17 tienen como común denominador la ayuda desinteresada y la fraternidad
ciudadana, también tienen otro rasgo común: la debilidad del Estado.Más nos vale aprender del pasado. Por décadas creímos que el Presidente era el
Estado, que un Presidente “fuerte” se traducía en instituciones política fuertes, y las
consecuencias de nuestra ingenuidad las estamos pagando. De la misma manera, hoy
en día y hasta cierto grado tendemos a creer que las organizaciones de la sociedad
civil pueden suplir al Estado, y que un mayor número y mayor participación
ciudadana en éstas se traduce en un mejor Estado, un mejor país: nada más
equivocado. Sheri Berman, politóloga de la Universidad de Columbia, escribió un
ensayo al respecto titulado “Civil Society and the collapse of the Weimar Republic”
(Sociedad Civil y el colapso de la República de Weimar), en el cual nos dice: “La
institucionalización política, en otras palabras, puede ser un tema menos chic en estos
días que la sociedad civil, pero es lógicamente anterior e históricamente más
importante… sin tales instituciones políticas, las sociedades carecerán de confianza y
de la capacidad de definir y realizar sus intereses comunes”. Resulta positivo que
diversas ONG´s nacionales se inmiscuyan activamente en la política nacional con
propuestas que son sumamente enriquecedoras tanto en términos de debate público
como de política pública. Sin embargo, debemos recordar que nada sustituye a las
instituciones políticas, y que los únicos que rinden cuentas a la sociedad son los
servidores públicos.Si deseamos un Estado consolidado con una democracia exitosa, necesitamos
construir instituciones políticas sólidas respaldadas por una sociedad civil vibrante.
Aquí, el orden de los productos ha alterado el resultado de manera catastrófica, y más
nos vale comenzar a rectificar.
www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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