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Plaza Cívica
Enrique Peña Nieto se va, y la historia próximamente comenzará a juzgar. Mientras
tanto, los mortales que vivimos bajo su presidencia podemos empezar a emitir
nuestra propia sentencia, porque en asuntos públicos la recomendación “no juzgues”
no aplica, sino todo lo contrario. Y aunque el sexenio se encuentra naturalmente lleno
de microhistorias, existe una historia más amplia que nos permite ver el rumbo por el
que nos ha llevado la saliente administración a toditos los mexicanos.
 
La presidencia del nativo de Atlacomulco tuvo un excelente, prometedor comienzo. La
clase política mexicana, después de años de ser criticada por su ineptitud para reinar a
los poderes fácticos y lograr acuerdos en pos del interés nacional, demostraron su
capacidad para negociar y llegar a consensos bajo el liderazgo del Presidente: son las
llamadas “reformas estructurales”: competencia económica, justicia penal, político-
electoral, telecomunicaciones, amparo, energía, finanzas, hacienda, transparencia,
laboral, educación. Y aunque con cierta razón se criticó que se “hicieron en lo
oscurito”, que solo los líderes de los partidos se involucraron, que no hubo debate de
por medio, la realidad es que en repetidas ocasiones así se realizan los acuerdos
políticos, y que lo verdaderamente importante fue su logro.
 
Los acuerdos eran profundos porque tocaban temas trascendentales para el país,
refundaban el diseño institucional, implicaban golpear fuertes intereses. Tanto así que
Elba Esther Gordillo se opuso tajantemente a la reforma educativa, importantes
sindicatos hicieron lo mismo en contra de aquellas en transparencia y laboral, grupos
empresariales se pronunciaron contra la hacendaria, conglomerados de medios se
agitaron en aquélla de telecomunicaciones. El problema, se decía, es que Enrique Peña
Nieto está atacando al mismo tiempo a poderosos poderes fácticos. Y efectivamente, lo
que vimos fue un “blitzkrieg” político: se aprueban profundas reformas en un espacio
de tiempo tan corto que, ante la imposibilidad de amplios sectores de la sociedad para
 
asimilarlos, viene una reacción furibunda. México estaba agitado, pero producto de los
efectos saludables de la terapia.
 
Sin embargo, debajo de las reformas estructurales había también dos problemas de
tipo estructural que harían que su puesta en marcha sufriera serios descalabros, y que
resultan una advertencia para la nueva administración: burocracia y corrupción.
 
Todo diseño institucional, por mejor concebido que se encuentra jurídicamente, es un
jarrón vacío si no tiene cuadros competentes que lo colmen, y un tigre de papel si está
corroído de corrupción. El Presidente y su equipo tuvieron una visión parcial al
ignorar el fundamental asunto de formar burocracias profesionales, y corrompieron la
visión que tenían al no querer combatir el problema de la corrupción. ¿Cómo
implementar así las reformas estructurales y combatir eficazmente los poderes
fácticos? El Servicio Profesional de Carrera (SPC) no fue tema de esta administración,
y el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) fue un proyecto impuesto desde los
partidos de oposición y la sociedad civil al Presidente, quien se encargó de ponerle el
pie y, así, ponerse el pie a sí mismo, a su gobierno y al país.
 
Enrique Peña Nieto dijo que deja un país “próspero y estable”. El problema es que no
es cierto. Se habrá duplicado la capacidad portuaria, crecido un poco la economía o
entregado más pensiones, pero finalmente la realidad es que tenemos una corrupción
rampante, la inseguridad ha aumentado, la desigualdad ha crecido, la pobreza está
estancada, las “reformas estructurales” corren el peligro de ser puestas en reversa y
los escándalos presidenciales han afectado seriamente la imagen del Jefe de Estado y
carcomido la confianza ciudadana. Ahí no hay ni prosperidad ni estabilidad. Enrique
Peña Nieto no logró un “Estado eficaz” y, por lo tanto, una ”democracia de resultados”,
como lo planteó en su libro hace siete años. Y precisamente por ello, fue la gota que
derramó el vaso para abrirle la puerta a un movimiento populista deforme.
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