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Plaza Cívica
Este año se cumplen 50 años de la masacre de Tlatelolco. En tan importante
aniversario, mucho se ha escrito acerca del suceso. Uno de los principales argumentos
esbozados se relaciona con la democracia, donde no solo se atribuye al movimiento
del ’68 el inicio de la democratización del país, sino que se lamenta el paso paulatino
con el que se hizo. Si la democracia hubiese llegado antes, se argumenta, México
hubiese alcanzado más temprano mayores grados de desarrollo. Y aunque estoy
de acuerdo en el papel que tuvo el ’68 en la democratización del país, disputo la
relación causal que se hace entre democracia y desarrollo.
 
En pleno siglo XXI, podemos hacer algunas conjeturas acerca de la causalidad entre
democracia y desarrollo. En Europa, la cuna de la democracia, la historia es un tanto a
la inversa. El desarrollo europeo comenzó siglos atrás, notablemente con el
descubrimiento de América en el siglo XV, y se incrementó a raíz de la Revolución
Industrial en el siglo XIX. Aunque en muchas naciones europeas existían cámaras de
representación desde la Edad Media, éstas solo representaban a diminutas fracciones
de la población; la democracia como la conocemos hoy en día, con la división de
poderes y el amplio ejercicio del voto, es un fenómeno del siglo XX. Vaya, los
europeos alcanzaron el desarrollo primero al consolidar sus Estados, y
democratizaron sus sociedades mucho después. La historia estadounidense, con
sus raíces claramente europeas, es muy parecida a aquélla de Europa.
 
Asimismo, se encuentra el caso de los países asiáticos. Por una parte, naciones como
Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur, con nula historia democrática pero
mucha historia burocrática, se desarrollaron rápidamente bajo regímenes
autoritarios, y producto de ese desarrollo alcanzado la población pugnó por la
democracia. El caso Chino es especialmente interesante, por la antigüedad de su
cultura y su tamaño territorial y poblacional. Los chinos han hecho extenso uso de su
 
larga tradición burocrática para catapultar a su país a niveles de desarrollo nunca
antes vistos, pero la democracia aún no llega. Entre sus élites políticas existe la
arraigada idea de que la democracia occidental en un país tan grande solo traería caos.
¿Sabiduría china o autoritarismo chino?
 
La excepción en esta historia de desarrollo primero y democratización después
es India. Por su accidentada geografía y lo heterogéneo de su población, la
democracia no es una opción sino una necesidad para mantener al país relativamente
unido. Sin embargo, India no ha desarrollado adecuadamente un Estado y su política
interna se encuentra muy fragmentada, por lo que no resulta raro que China haya
alcanzado niveles de desarrollo claramente superiores al del otro coloso asiático.
 
A estas alturas, las conjeturas nos comienzan a decir que democracia y
desarrollo no son lo mismo, y que no necesariamente van de la mano.
 
En México, el principal error del régimen autoritario priista fue no haber desarrollado
el Estado -es decir, instituciones y burocracias profesionales- , requisito indispensable
para alcanzar más altos niveles de desarrollo. De haber sido así, probablemente la
democracia hubiese llegado inclusive antes, y habría sido más funcional. Y hago otra
conjetura: la pérdida de legitimidad del PRI en aquellos años se debió menos a su
autoritarismo y más a su ineptitud en el manejo del gobierno. Un PRI que en
aquellos años hubiese entregado muy buenos niveles de bienestar a la población, y
que hubiese manejado responsablemente la consecuente apertura democrática,
hubiese sido un PRI respetado por los mexicanos, sin miedo a desaparecer.
 
La democracia llegó a Mexico ante la falta de desarrollo, y la democracia se
puede ir de México ante la falta de desarrollo. Consolidar nuestro Estado y
entregar beneficios tangibles a los mexicanos debe de ser nuestra máxima prioridad,
indirectamente preservando y fortaleciendo también nuestra democracia.
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