banner-caliente

3erinforme

foto-robertos

 
 
Plaza Cívica
El descontento mexicano y el Presidente-electo, Andrés Manuel López Obrador, ya
tienen en la mira a su primer objetivo: la media y alta burocracia mexicana. En
principio suena una propuesta razonable, ya que existen casos de servidores públicos
que abusan de las prerrogativas de sus cargos, con la consiguiente indignación de la
población a la que sirven. Sin embargo, en un contexto muy emocional se puede caer
en el error de querer entregar resultados rápidos y simbólicos que podrían ser más
perjudiciales que benéficos.
En este espacio hemos hablado insistentemente sobre la
raíz de nuestros problemas: la falta de Estado, es decir, de instituciones sólidas
formadas por burócratas profesionales. Y porque precisamente ése es uno de los
primeros objetivos de AMLO, haremos dos entregas: la presente, donde hablaremos
de la condición que guarda nuestra burocracia, y la segunda, donde hablaremos sobre
las propuestas de López Obrador en la materia.
 
En México tendemos a detestar a los “burócratas”. Cuando escuchamos la palabra
“burócrata”, muchos nos imaginamos a un tipo rechoncho, sentado con las piernas
sobre su escritorio, haciendo nada. Pero ese odio está fuera de lugar, y esa imagen es
vastamente incorrecta. La figura per se del burócrata es honorable y noble, porque son
servidores públicos que sirven al país, y sin ellos, la vida nos sería imposible: desde
barrenderos y administradores, enfermeras y médicos, hasta jueces y magistrados,
policías y soldados. Muy sencillo: sin burócratas no existen instituciones, sin
instituciones no existe Estado, y sin Estado solo existe la barbarie. Por eso, en los
países desarrollados los servidores públicos tiene un lugar privilegiado, en los países
subdesarrollados existe un déficit de éstos, y en otros países simplemente no existen.
En el primer caso está Francia, en el segundo México, en el tercero Somalia.
 
En México existe la percepción de tener muchos burócratas, muy bien pagados. Pues
vayamos a los hechos, y primero vayamos a los números. El informe “Government at a
 
Glance 2015” (“Gobierno en un vistazo 2015”) de la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económico (OCDE) nos dice que México tiene un 13% de empleo en el
sector público como porcentaje del empleo total en el país; el promedio de la OCDE es
de alrededor de 22%. Por ejemplo, en un país desarrollado como Dinamarca casi el
35% de su fuerza laboral total trabaja en el gobierno; en un país subdesarrollado
como Colombia, menos del 5%.
 
Segundo, vayamos a la paga. En el mismo informe pero del año 2017, los senior
managers (burocracia alta) del gobierno federal mexicano tienen una compensación
promedio anual de alrededor de 225,000 mil dólares (aquí hablamos específicamente
de subsecretarios; incluye salario, prestaciones, seguridad, social, etc.); aquéllos
inmediatamente debajo de los subsecretarios tienen una compensación anual de
alrededor de 170,000 mil dólares. Asimismo, en segundo término se encuentran los
middle managers (burocracia media), los cuales ganan alrededor de 130 mil dólares
anuales en una primera categoría, y 80,000 dólares en una segunda. Cabe destacar que
el promedio de la OCDE está básicamente en ese mismo nivel de compensaciones,
aunque nosotros tenemos un problema: cuando se comparan esas compensaciones
con el PIB per cápita, México ocupa el segundo lugar más alto de paga, solo detrás de
Colombia.
 
Para resumir. Uno: México tiene un déficit de burócratas; muchos de nuestros
problemas son resultado de este déficit: falta de policías, jueces, médicos, etc. Dos:
nuestros mandos medios y altos tienen compensaciones que están en sintonía con
aquéllas recibidas en el primer mundo. Tres: nuestros servidores públicos ganan
mucho cuando se compara con lo que gana un mexicano promedio.
 
Teniendo este diagnóstico de la burocracia mexicana, en nuestra siguiente entrega
veremos si el juicio de López Obrador en la materia es correcto y, sobre todo, si sus
soluciones son las adecuadas.
Visto 114 veces
Valora este artículo
(0 votos)