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Plaza Cívica
Un personaje político con larga trayectoria y un partido político de corta existencia,
Andrés Manuel López Obrador y MORENA, han irrumpido de súbito y lleno en la vida
política nacional. Por el poder que ejercerán en los siguientes años y el impacto que
tendrán en nuestro futuro, es importante adentrarnos en la raíz de este antiguo
movimiento/nuevo partido. Y para ello, resulta provechoso compararlo con el Partido
Revolucionario Institucional (PRI), e insertarlo en el actual contexto político
internacional.
 
Las semejanzas entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Movimiento de
Regeneración Nacional (MORENA) son enormes. Si Andrés Manuel López Obrador
militó en el PRI, profesa su admiración por antiguos liderazgos del PRI, y mucha de su
militancia militó en el PRI, entonces aplica claramente el dicho: “de tal palo, tal astilla”.
Vaya, para comprender mejor a MORENA, hay que comprender mejor los orígenes del
PRI.
 
El ADN priísta nació durante los primeros años de vida del partido y sus portadores
son la militancia “de a pie” priísta (más que sus liderazgos), militancia que se lo llevó a
MORENA. Si el Partido Nacional Revolucionario (PNR, 1929 - 1938) fue creado por
Plutarco Elías Calles bajo la idea de fundar un partido de cuadros, el Partido de la
Revolución Mexicana (PRM, 1938 - 1945) fue creado por Lázaro Cárdenas del Río bajo
la idea de refundar el PNR en un partido de masas. Y de ambos padres nace un hijo
híbrido: el Partido Revolucionario Institucional (PRI, 1945 - ?); solo basta ver sus
siglas para darse idea de la naturaleza mestiza del hijo, algo así como el pueblo
mexicano.
 
La ideología e historia priístas son fundamentalmente de izquierda, pero con buenos
rocíos de derecha: es el “nacionalismo revolucionario”. En su parte de izquierda, se
encuentran ideas como la creencia fundamental en el Estado, el gobierno como una
fuerza de bien, la economía mixta, la figura del ejido/tierras comunales, etc. Pero el
rocío de derecha consiste básicamente en el énfasis puesto en valores sociales, la
cultura nacional, el nacionalismo; la excepción fue la religiosidad, que aunque se
toleró mucho, jugó un papel secundario en el partido.
 
Si la izquierda más pura se encuentra en el PRD (1989 - 2018), y la derecha más pura
en el PAN (1939 - ?), López Obrador y MORENA reviven esa antigua mezcla priísta:
ideas de izquierda en lo económico, de derecha en lo social (y más aún por la
religiosidad de AMLO). Sin embargo, lo que hace que todo esto resulte aún más
interesante es que ésta mezcla recién revivida en México se está replicando, en una
medida importante, en Occidente.
 
En Estados Unidos, un candidato de extrema-derecha como Donald J. Trump propuso
una plataforma política cuyos ejes centrales eran el fortalecimiento de programas
sociales y mayor nacionalismo (ya en el poder, le dio la espalda a sus propuestas
económicas de izquierda); en Europa, los partidos de extrema-derecha tienen como
ejes centrales el fortalecimiento del Estado, la expansión de programas sociales, y
altas dosis de nacionalismo (en el estado alemán de Bavaria se aprobó una ley que
obliga a poner… ¡crucifijos en edificios públicos!). A pesar de estos importantes
parecidos entre AMLO/MORENA y la extrema-derecha europea, la izquierda ganó en
México porque el énfasis es en la pobreza y desigualdad, sin tener problemas de
inmigración; en Occidente, la extrema-derecha avanza porque el énfasis es en la
inmigración, sin tener excesivos problemas de pobreza y desigualdad.
 
Andrés Manuel López Obrador y MORENA nacen con el gen priísta puro de antaño, en
un contexto internacional propicio para su movimiento. Los ejes centrales de la
ideología morenista parecen correctos, pero su éxito o fracaso dependerá, en gran
 
medida, de no caer en tentaciones populistas y autoritarias. Porque ese gen, también
lo llevan.
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