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Plaza Cívica
Andrés Manuel López Obrador y Donald J. Trump tienen importantes semejanzas, y
algunas diferencias. Las semejanzas son inevitables porque ambos comparten la
idiosincrasia populista, y las diferencias son producto de contextos nacionales y
trayectorias personales distintas. Las primeras preocupan, y las segundas diluyen,
hasta cierto punto, la preocupación.

 

Los parecidos entre el candidato presidencial mexicano y el presidente
estadounidense son considerables. Veamos.
 De lenguaje e ideas. Ambos personajes irradian mucha emoción, poco
conocimiento, escasas ideas y una visión excesivamente simple. Por ello, el uso
de un lenguaje sencillo, de frases repetitivas y pegajosas, de amor a la
improvisación y alergia a la estructura discursiva. Y no es una estrategia de
campaña: así son.
 Nosotros contra ellos. Los dos personajes creen, en una medida importante, ser
los representantes del pueblo, hablar por él, como si éste fuese un ente
monolítico. A lo anterior hay que agregar un discurso anti-élite sumamente
duro: la gente ordinaria buena contra los poderosos sofisticados malos. Sin
embargo, es un discurso engañoso: la lista de la “mafia del poder” es flexible, y
Trump ha dado muchas concesiones a los acaudalados.
 Partidos políticos e intermediarios. Los partidos políticos funcionan como
mediadores entre la población y su clase política, pero a ambos personajes no
les gustan los mediadores: AMLO fundó su propio partido, Trump se apropió
del Partido Republicano. Su excesivo rechazo a los intermediarios explica
también su particular gusto por las redes sociales y los actos masivos, así como
la predilección de AMLO por los referéndums.
 Fiscalía autónoma. AMLO no desea una Fiscalía autónoma: primero quería
conservar la PGR, aunque después se pronunció por su autonomía con la

condición de ser él quien proponga una terna al Senado. Trump quiere
apropiarse del Departamento de Justicia, chocando fuertemente con el celo de
sus cuadros burocráticos. El trasfondo es la desconfianza al contrapeso que
representan las instituciones autónomas.
 La familia. Los familiares de AMLO y Trump forman parte de su círculo político
más cercano. Los hijos de AMLO tienen un papel sumamente relevante en el
partido y la campaña, como en su momento lo tuvieron los hijos y yerno de
Trump. Éstos últimos tienen ya un papel activo en el gobierno, y podría
suceder algo parecido si AMLO llega al poder.
 La volubilidad. AMLO ha sido muy caprichoso en materia de política pública y
en sus relaciones con diversos actores. En el primer caso están sus constantes
cambios de opinión respecto de la reforma educativa, energética y el NAIM; en
el segundo, con respecto a políticos, empresarios y medios de comunicación: si
hablan bien, las flores; mal, los golpes. Y ésa es la historia de Trump.

Y podríamos continuar: sus avanzadas edades y el consiguiente amor por un pasado
utópico que nunca existió, el fuerte apoyo de grupos evangélicos ultra-conservadores,
su desconfianza a las instituciones globales y el libre comercio, y sus gustos por los
colores (de moreno a blanco).

A pesar de lo anterior, ambas personalidades no son un espejo. López Obrador tiene
una importante trayectoria política, Donald Trump solo tenía una trayectoria
empresarial. AMLO tiene un gran espíritu social, Trump tiene el espíritu del negocio.
AMLO quiere reivindicar la justicia social, Trump la supremacía blanca. AMLO tendrá
un gabinete conformado en gran parte por gente respetable, con trayectorias
académicas y en el servicio público, Trump se rodeó por hombres de negocios y
generales en retiro. AMLO no es un desgraciado, Trump lo es.

Y sin embargo, ambos son notoriamente populistas: la desconfianza hacia las
instituciones y lo institucional, y una excesiva confianza en su persona que termina en

personalismo. Y en ningún tiempo y lugar, el populismo ha traído buenos resultados:
ésa es una lección clara de la historia.

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