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Plaza Cívica
La democracia es un régimen político complejo, en busca constante de equilibrios.
Desde las antiguas polis griegas se vio la necesidad de alcanzar una armonía entre la
gente ordinaria y las élites en una variedad de temas; una oscilación extrema hacia
uno u otro lado inevitablemente contaminaría la democracia, posiblemente
provocando su fin. México tiene serios desequilibrios en muchas áreas de la vida
pública, y por ello, puede ser que estemos ante la oscilación del péndulo de un
extremo, al otro.
 
Uno de los trasfondos constantes en los escritos de Platón y Aristóteles es el equilibrio
entre libertad e igualdad, clases altas y pueblo común, como un requisito esencial para
lograr un buen Estado. Aristóteles, en su libro La Política, nos habla de la importancia
de la distribución de la riqueza y la proporción en el ejercicio de la política. Nos dice:
“Si quieren que haya un poder que represente el interés general, sólo podrán
encontrarlo en la clase media”. Y agrega: “Cuanto más perfecta sea la combinación
política según la que se constituya el Estado, tanto más serán las probabilidades de
permanencia que ofrezca la constitución”. En el primer caso nos habla de balance
económico, en el segundo de balance político, es decir, que el proceso de toma de
decisiones esté equilibrada entre la sabiduría popular y la sabiduría de las élites (le
llamaba “aristocracia”, o aquéllos con méritos). Las palabras de los antiguos nos
persiguen hasta nuestros días, y en días recientes una nación con una larga tradición
política nos demostró la importancia de lograr un sano equilibrio económico, y
político.
 
Italia goza de una amplia clase media, y su compromiso con la democracia es clara
desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, durante las últimas décadas
el país latino ha experimentado un crecimiento en la pobreza y desigualdad como
pocos países europeos. El desequilibrio económico ha traído como consecuencia que
 
en las recientes elecciones los italianos eligieran a dos partidos duramente anti-
sistema. Ambos decidieron formar gobierno, nombrando como ministro de economía
a un personaje que largamente ha criticado la permanencia de su país en el euro. Sin
embargo, aquí pudimos ver el equilibrio entre las decisiones populares y las
decisiones de los “aristócratas”: el Presidente italiano, Sergio Mattarella, un político
sumamente respetado, impidió la llegada de tal personaje al usar su poder de veto.
Finalmente, la voluntad popular se respetará ya que los partidos políticos formarán
gobierno, pero se evitará una posible catástrofe por la voluntad de los conocedores.
 
En México, los desequilibrios económicos y sociales que hemos sido incapaces de
resolver han hecho de nuestra democracia una sumamente frágil. Es por ello que el
candidato antisistema por antonomasia, Andrés Manuel López Obrador, llegará al
poder con, posiblemente, una victoria aplastante. Sin embargo, su gabinete se
encontrará formado por gente conocedora, respetable, en gran medida: Olga Sánchez
Cordero (SEGOB), Héctor Vasconcelos (SRE), Carlos Urzúa (SHCP), Esteban
Moctezuma Barragán (SEP), Javier Jiménez (SCT), entre otros; hay algunas dudas, pero
finalmente dudas las ha habido en todos los gabinetes. ¿Serán estos los muy
necesarios “aristócratas” que atemperarán los impulsos populistas de AMLO, o serán
ignorados, tal vez despedidos, para solo quedarnos con la sabiduría popular?
 
Andrés Manuel López Obrador dijo en una reciente entrevista: “se equivocan menos
los ciudadanos que los políticos; el pueblo tiene un instinto certero, es sabio. La
democracia es el poder del pueblo… consulta ciudadana y que el pueblo diga quiero
esto o no quiero esto”. La pregunta es: ¿pasaremos de una oligarquía económica a una
demagogia política? Nos dice Aristóteles: “…la oligarquía tiene en cuenta tan solo el
interés particular de los ricos; la demagogia, el de los pobres. Ninguno de estos
gobiernos piensa en el interés general”. La necesidad de los equilibrios. Veremos.
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