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Plaza Cívica
Andrés Manuel López Obrador y las cúpulas empresariales del país han chocado
frontalmente, nuevamente. Sin embargo, quienes realmente han chocado son una
parte importante de las clases populares mexicanas con una parte igualmente
importante de las élites políticas y económicas del país.

El candidato presidencial de
MORENA es consecuencia de una paciencia que se les ha agotado a amplias capas de la
ciudadanía mexicana, y con toda la razón. Ambas partes tienen aciertos y desaciertos,
y lo mínimo que podemos hacer es tratar de entender un problema de tales
magnitudes.En muchas de las sociedades contemporáneas, “libertad” e “igualdad” son dos
palabras esenciales a las que más vale darles su lugar. La primera de ellas fue el
tambor de guerra de la sociedad mexicana durante los años ochenta y noventa,
finalmente haciéndola realidad con la apertura del régimen autoritario y la
instauración de la democracia. Sin embargo, quedó el gran pendiente de la segunda de
ellas, creyendo muchos que la libertad alcanzada necesariamente iba a traer la
ansiada igualdad. Nada más equivocado, y tras básicamente dieciocho años de
expectativas fallidas, han comenzado nuevamente los tambores de guerra.Si alguien piensa que la impaciencia de millones de mexicanos es infundada, que
piense otra vez. Seis datos concretos resultan reveladores: en los últimos 25 años la
pobreza en el país se ha mantenido en un 53% (CIDE); la desigualdad es mayor hoy
que la que había en la década de los ochentas (OXFAM); en 2002 la riqueza de los 4
mexicanos más pudientes representaba el 2% del PIB, y hoy representa el 9.5%
(OXFAM); en los últimos 25 años el salario mínimo perdió el 76.3% de su poder
adquisitivo (UNAM); y el poder adquisitivo a nivel posgrado cayó 10 mil pesos entre
2005 y 2016 (UIA - Puebla). Entonces el coctel lopezobradorista está hecho de
estancada pobreza, acrecentada desigualdad, multiplicada riqueza en algunos cuantosindividuos, y pérdida salarial en todos los niveles. A eso basta agregar desvergonzada
corrupción, y el coctel está a punto de explotar. Si en el mundo desarrollado la
desigualdad es un problema mayúsculo, no existe razón por la que en México no lo sea
aún más.Tanto las cúpulas empresariales como López Obrador se equivocan y aciertan. Los
empresarios del país se han equivocado durante largo tiempo al no querer hacer lo
mínimo: subir el salario mínimo para que alcance para el mínimo, pagar impuestos
(en este sentido, solo basta ver los estudios de Fundar: Centro de Análisis e
Investigación), y dejar de apostarle a la mano de obra barata y más a la innovación
para ser competitivos (ver el reportaje de PA Consulting, Innovation Matters). Sin
embargo, aciertan al quejarse de los ataques personales, de la necesidad de establecer
condiciones de confianza y al hacer hincapié sobre la importancia que tienen las
empresas del país para la vida nacional. Por otra parte, Andrés Manuel López Obrador
se equivoca, nuevamente, con simplificar la realidad, al culpar por todas las desgracias
y tragedias nacionales a una “mafia del poder”, al hacer los ataques sumamente
personales, y al volver a mostrar mucha volubilidad golpeando para días después
enseñar el pañuelo de la paz; además, una terrible estrategia electoral. Pero acierta, en
una medida importante, al decir que el gobierno está al servicio de una minoría rapaz.
¿O los datos anteriores, junto con los negocios hechos al amparo del poder, y los
innumerables escándalos de corrupción no son prueba de ello?Al comienzo del desencuentro, en su primer desplegado, los empresarios usaron la
palabra “libertad”, pero nada de “igualdad”. En su segundo desplegado volvieron a
usar la palabra “libertad” subrayándola, pero ya de plano incluyeron “igualdad” y
”pobreza”, aunque un tanto perdidas en el texto. Tal vez, demasiado tarde.

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