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La Nueva España sigue viviendo entre los mexicanos. Doscientos años de vida
independiente no han sido suficientes para sacudirnos algunas de las facetas más
nocivas de trescientos años de vida virreinal. Y un reciente estudio es prueba perfecta
de ello.El gran poeta mexicano, Octavio Paz, diría: “Todo es presencia, todos los siglos son de
este presente”.

Por ello, su constante exhorto a no desentendernos de tres siglos de
vida virreinal, sino a reconocerlos como parte de nuestro legado histórico y cultural. Si
México es el mestizaje del mundo hispano e indígena, México nace con la conquista, y
adquiere su identidad precisamente durante las décadas posteriores: sin la Nueva
España, México no existe. Sin embargo, hubo facetas de ese legado sumamente
dañinas para la vida comunitaria de ese entonces y de hoy. La Corona española, en una
mezcla de nobleza y racismo, estableció todo un andamiaje estatal con el fin de
separar jurídica, geográfica, social, cultural y económicamente a los españoles e
indígenas, resumido bajo las denominaciones de “República de Españoles” y
“República de Indios”. Una estratificación social basada en los orígenes étnicos, las
famosas castas: entre más claro el color de piel, mayores posibilidades de acceder a
una mejor vida. El fin último de algunos de los grandes pensadores mexicanos del
siglo XIX era acabar con esas divisiones, como requisito indispensable para una
identidad nacional, un país. José María Morelos y Pavón, en el numeral 15 de sus
Sentimientos a la Nación, escribe: “Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo
mismo la distinción de castas, quedando todos iguales y solo distinguirá a un
americano de otro, el vicio y la virtud”. Sin embargo, los viejos sueños de lograr un
país unido siguen siendo, en una medida importante, aún sueños por cumplir.En junio de 2017, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó un
estudio nunca antes hecho en nuestro país. Consistía en averiguar si había algunarelación entre estatus económico/social y color de piel, y los resultados son,
desafortunadamente, poco sorprendentes. “Mientras más oscuro es el color de piel, los
porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación se reducen.
Cuando los tonos de piel se vuelven más claros, los porcentajes de ocupados en
actividades de media y alta calificación se incrementan”, dice el instituto. El estudio
consiste en una escala de once tonalidades de piel de acuerdo al Proyecto sobre
Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA, por sus siglas en inglés), en donde 8
podrían ser clasificadas como tonalidades más oscuras, y tres como más claras (la
gente definía su color de piel, y 88% de los mexicanos se definieron en las tonalidades
más oscuras). En una diversidad de variables, los resultados tienen la misma
tendencia. Por ejemplo, en cuanto a educación, el informe indica que “…las personas
que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscura, se observa un mayor
rezago educativo…”. En la tonalidad más oscura, solo 4.9% cursaron educación
superior; en aquélla intermedia lo hicieron un 13.2%, y en la más clara el porcentaje
fue de 28.8%. El día de la publicación del estudio, Julio A. Santaella, presidente del
INEGI, escribió un tuit donde resume sus resultados: “Las personas con piel más clara
son directores, jefes o profesionistas; las de piel más oscura son artesanos, operadores
o de apoyo”.México no puede alcanzar su máximo potencial mientras sigamos cargando con la
pesada e histórica loza que representa la segregación mexicana; antes nos fue
impuesta, ahora, peor aún, parece ser auto-impuesta. No solo es una transgresión en
términos morales, una deshonra a la memoria de nuestras luchas e historia, y una
clara violación a nuestra Constitución: es también ir en contra de la idea misma de
“México”.

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