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Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.">Fernando Núñez de la Garza Evia

Plaza Cívica
Política mata economía. Ésa es una importante lección de la historia de la humanidad. Desde la antigüedad hasta nuestros días podemos apreciar un sinfín de decisiones que tuvieron consecuencias desastrosas y en las cuales se sopesaron consideraciones de todo tipo, menos económicas. Y en pleno siglo XXI la historia en América del Norte pudiera repetirse.

El ateniense Tucídides (460 a.C - 396 a.C.) escribiría una de las obras clásicas de la historia titulada "Historia de la Guerra del Peloponeso", donde narra una de las más conocidas conflagraciones bélicas que habría de traer el ocaso de la Grecia antigua. En ellas, el autor griego nos dice una profunda verdad: son solo tres cosas las que mueven al ser humano: el honor, el miedo, y la ambición. A éste respecto Donald Kagan, profesor de la universidad de Yale y uno de los más reconocidos historiadores de la antigua Grecia, nos dice: "Me he dado cuenta de que estos tres motivos resultan los más esclarecedores para entender las causas de las guerras a través de la historia... el lector probablemente se sorprenderá al constatar... el papel insignificante que juegan las consideraciones de utilidad práctica y de beneficios materiales...".

A finales del siglo XX un país llamado México, subdesarrollado y con fuertes debilidades estructurales, le abrió sus puertas comerciales de par a par a Estados Unidos de América olvidando algunas importantes lecciones históricas. Durante el largo reinado de Porfirio Díaz, el héroe mexicano sabía que la inversión extranjera era requisito indispensable para el desarrollo nacional, pero también estaba consciente que una excesiva dependencia comercial podía traer consigo una nociva dependencia económica y, en último lugar, política. Por ello, la constante preocupación en la administración porfirista de lograr un equilibrio en las inversiones extranjeras, especialmente frente a un Estados Unidos muy cercano geográficamente y ante el cual existía una enorme asimetría de poder. Esa lección la olvidaron los liderazgos mexicanos que negociaron el TLCAN, y ya entrado el siglo XXI lo podemos pagar con creces.

La globalización implica mayor interdependencia entre países, lo que conlleva más oportunidades, pero también más puntos de fricción; un arma de doble filo. La firma del TLCAN probablemente era inevitable, y sin duda nos ha traído enormes beneficios, pero también comenzamos a ver sus fricciones, fricciones que nos pueden costar aún más debido a dos importantes debilidades estructurales y dos muestras de ingenuidad política de nuestra parte. La primera y principal debilidad que aún arrastramos consiste en la falta de consolidación de un Estado nacional, reflejado en la falta de recaudación (en 2015 recaudamos 22.8% del PIB, cuando el promedio en países de la OCDE es de 34.4% del PIB) y la escasez en número y profesionalización de servidores públicos (policías, jueces, médicos, maestros, etc.). Nuestra segunda debilidad es la falta de una economía interna robusta, consecuencia directa precisamente de la falta de un Estado fuerte (los países europeos y asiáticos, así como Estados Unidos, construyeron primero su Estado, luego liberalizaron su economía). Y nuestras ingenuidades políticas consisten en haber comprado el cuento estadounidense que nos dice que la liberalización económica traería consigo el mágico ingreso del país al mundo desarrollado, y haber creído que Estados Unidos era un vecino estable y confiable, cuando pocas veces lo ha sido.

La historia de la humanidad nos señala la capacidad del ser humano para progresar, pero también nos muestra que su naturaleza sigue siendo esencialmente la misma. Si las naciones han ido a guerra sin tener en cuenta sus consecuencias económicas, sin duda una persona como Trump no dudará en salir del TLCAN si de ello depende el fortalecimiento de su base y ganar así las siguientes elecciones presidenciales. Esperemos que no sea así, pero más vale estar preparados. Política mata economía.

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

Modificado por última vez en Miércoles, 01 Noviembre 2017
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