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Plaza Cívica

La corrupción no es paciente con el país, pero algunos de nuestros principales liderazgos políticos nos piden ser pacientes con su combate. En días recientes declararon que tendremos que esperar hasta pasadas las elecciones para hacer los cambios jurídicos necesarios y nombrar así a las autoridades de la Fiscalía General de la República, lo que representa un pretexto más para posponer la solución a un problema de gran trascendencia nacional.

Nuestros quinientos años de vida nacional son también quinientos años de tener como compañera a la corrupción. Su combate se ha vuelto una especie de enorme procrastinación colectiva, poniendo como prioridad otros tantos temas y postergando la solución de los verdaderamente importantes. Prueba de lo anterior es el diccionario mexicano que hemos amasado en este tema a través de décadas, la "renovación moral" propuesta por Miguel de la Madrid Hurtado que acabó en el basurero de la historia nacional, y el desdén anticorrupción mostrado por la presente administración. Pero ahora sí: México ya no depende del dinero barato de esa maldición llamada petróleo, los mexicanos pagamos impuestos como nunca, y como nunca queremos ver resuelto el lastre nacional.

La última gota agregada al vaso de la procrastinación en este tema son las declaraciones del presidente y Andrés Manuel López Obrador, donde ambos raramente coincidieron en postergar los nombramientos de los fiscales y magistrados del Tribunal Superior de Justicia Administrativa (TSJA). Por una parte, la falta de compromiso de Peña Nieto se observa al tener, hoy por hoy, vacantes las sillas del Fiscal General, el Fiscal Anticorrupción, y el Fiscal Electoral; es decir, toda la Fiscalía. Por otra parte, la falta de compromiso de López Obrador se advierte al declarar reiteradamente una "amnistía anticipada" a quienes hayan cometido delitos de corrupción, y su oposición sistemática al SNA; lo anterior es de esperarse ya que todos los líderes populistoides tienen como principal medio de legitimidad su carisma, y no la ley. Ahí está Trump como ejemplo.

Posponer el tema anticorrupción en estos momentos bajo el pretexto de "tiempos electorales" rima a lo declarado por Donald Trump cuando, ocurrida la masacre en Las Vegas y ante la presión por debatir el control de armas, respondió que no era el momento indicado. Pues de la misma manera que la masacre hace urgente el debate de control de armas en Estados Unidos, de la misma manera la inmolación de los recursos públicos hace urgente el nombramiento de las autoridades responsables de combatirla en México. Y resulta más apremiante aún ya que muchos de los recientes gobernadores mexicanos arrestados se debe más a la presión estadounidense que a la iniciativa y compromiso del gobierno mexicano. Un aparato de justicia penal independiente de los caprichos del poder Ejecutivo, y de las presiones de Estados Unidos, resulta fundamental para el país.

Sin duda, se han dado pasos sumamente importantes en la construcción de todo un andamiaje jurídico que tiene como fin transparentar, fiscalizar y sancionar los actos de corrupción, así como otorgarle autonomía a sus autoridades. Sin embargo, el desafío de la corrupción es tal que un sistema cojo donde falten los encargados de aplicar los castigos penales resulta claramente insuficiente, como insuficiente resulta también el compromiso del presidente y de una buena parte de la clase política. Mientras tanto, el despido de Santiago Nieto Castillo como titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (FEPADE) nos recuerda la importancia de contar con fiscales autónomos de los vaivenes políticos. Ya no podemos patear el bote: la corrupción tiene que ser, junto con la inseguridad, el tema de las campañas en 2018, pero eso dependerá de la ciudadanía.

www.plaza-civica.com @FernandonNGE

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