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Plaza Cívica

Hay mucho tráfico en la presente administración en la avenida "Corrupción". Un gobierno federal que ha encabezado algunas de las reformas más trascendentales en la historia moderna del país es paradójicamente el protagonista de algunos de los escándalos más escandalosos de corrupción de los últimos años. Tan solo en las últimas semanas, #GobiernoEspía cedió su lugar a #PasoExpress, para este último cederlo ahora a #EmilioLozoya - #Odebrecht. En este espacio se ha comentado sobre cada uno ellos, y desafortunadamente el tema que ya se tenía preparado tendrá que ceder también su lugar a este último escándalo que igualmente toca los más altos escalafones del poder en México.

Emilio Lozoya Austin es hijo de una dinastía política mexicana, y es hasta 2012 donde hace su debut público como "coordinador de vinculación internacional" en la campaña de Enrique Peña Nieto. Desde ese entonces, escándalo tras escándalo lo han perseguido: una oscura adquisición que hace como director de PEMEX de plantas chatarras de fertilizantes por 730 millones de dólares; conversaciones de altos directivos de la constructora española OHL donde lo ligan con la adjudicación de contratos públicos amañados; y ahora, Odebrecht. Lo anterior era de esperarse.

Lozoya Austin tiene una muy pequeña trayectoria pública, y por el contrario, una larga trayectoria privada. Perteneció al Consejo de Administración de OHL hasta diciembre de 2012, just-ti-ti-to antes de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto y en una constructora extranjera con una larga lista de escándalos de corrupción en México. En otros países desarrollados, como EUA, es igualmente la regla que personas de alto perfil cambien constantemente de trabajos entre el sector público y privado, aunque también ha ocasionado muchos problemas. Alemania representa el caso contrario, ya que claramente separa ambos ámbitos con muy buenos resultados. Sobre esto, vale la pena citar extensamente al escritor estadounidense Michael Lewis, quien en su libro "Boomerang: viajes al nuevo tercer mundo", nos comenta: "Jörg Asmussen... es un tipo familiar en Alemania, pero absolutamente anormal en Grecia o Estados Unidos: un funcionario inteligente, altamente ambicioso que no tiene ningún otro deseo sino servir a su país. En su espumoso currículum vitae falta una línea que se encontraría en los currículums de hombres en su posición en casi cualquier otro lugar del mundo, la línea donde deja el servicio del gobierno para irse a Goldman Sachs con el fin de hacer dinero. Cuando le pregunté a otro prominente funcionario alemán por qué no había tomado tiempo del servicio público para hacer su fortuna trabajando para algún banco, como parece querer hacer todo funcionario estadounidense cercano a las finanzas, su expresión cambió a alarma. "Pero nunca podría hacer esto", dijo. ¡Sería ilógico!"". Burocracias profesionales, sin conflictos de interés, cuyo único fin es servir al país. En Alemania esos perfiles son la regla, en México la excepción, pero los hay: solo basta ver los currículums académicos, el largo servicio público, y los excelentes resultados que han entregado Mikel Arriola Peñalosa (actual director del IMSS) y José Antonio González Anaya (actual director de PEMEX). Pero aún, son la excepción.

La idiosincrasia de aquellos que se encuentran en el sector público y privado son igual de válidas pero muy distintas, y por el bien del país no deben mezclarse. Emilio Lozoya Austin es prueba perfecta de la falta de compromiso de una parte de las élites mexicanas con el país, y del daño que ocasiona a México la falta de burocracias profesionales que manejen correctamente el destino nacional. Los lujos que tanto parecen gustarle son solo una muestra más de su falta de vocación de servicio público, cuyos resultados desastrosos son consecuencia obvia. Y aquí tenemos una importante medición para juzgar el siguiente gabinete, del siguiente gobierno federal. Sobre advertencia, no hay engaño.

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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