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Plaza Cívica

Por Fernando Núñez de la Garza Evia

Vivimos en tiempos turbulentos, en tiempos históricos. La historia está compuesta de gran cantidad de variables fuera del control de los individuos, pero también está hecha por la idiosincrasia y decisiones de un puñado de personas, de élites. Los excesos -siempre malos- en que han caído éstas en algunos países desarrollados tienen importantes parecidos y lecciones para México, y sus respectivas élites.

La crisis occidental, y particularmente estadounidense, se explica en parte por dos fenómenos asociados a sus élites: la excesiva democracia y el cosmopolitismo. El intelectual estadounidense Fareed Zakaria, en su libro "El Futuro de la Libertad", critica el desentendimiento de las élites estadounidenses con el país y su reemplazo por ciudadanos poco educados, haciendo eco del miedo expresado desde la antigüedad por Aristóteles, y más recientemente por los Padres Fundadores estadounidenses: pasar de un sistema de gobierno aristocrático-democrático, donde los mejores gobiernan (aristocracia como meritocracia) en representación de sus ciudadanos (democracia), a uno donde los ricos gobiernan velando por sus intereses (oligarquía) y accediendo en parte al poder mediante la simple emoción/adulación al pueblo (demagogia). Pues eso ya pasó en EUA (y en Europa, casi): de un gobierno con vocación para gobernar y altamente meritocrático con Dwight D. Einsenhower en 1953, a uno sin aptitud en las artes del gobierno y altamente populista con Donald J. Trump en 2017. Pero esta historia se complica más cuando agregamos el ingrediente del cosmopolitismo, donde las élites abrazan al mundo y a nadie, abren las puertas nacionales a la excesiva inmigración pero viven en sus fortalezas, y realmente experimentan tal cosmopolitismo al "comer comida étnica", en palabras del intelectual estadounidense y columnista del New York Times, Ross Douthat.

La historia de las élites mexicanas es finalmente un tanto parecida a la anterior. De la misma manera que la construcción del Estado mexicano ha sido difícil, de la misma manera la construcción de élites nacionales lo ha sido. Dos circunstancias se alimentaron que hicieron difícil ambos procesos. La primera, durante el S. XIX no había país ante la enorme heterogeneidad de una población mexicana que apenas nacía (si estamos de acuerdo que la mexicanidad es el mestizaje entre el mundo hispano e indígena), lo que hacía que las élites se identificasen con su dinero y ascendencia europea y ante ínfimas capas medias mestizas y grandes capas bajas indígenas. La segunda, las élites nacionales no habían desarrollado una consciencia como tales precisamente porque poco se había desarrollado una consciencia nacional basada en la mexicanidad. Las posteriores guerras externas e internas que libró el país hasta el fin de la Revolución mexicana en 1920, así como el lento mestizaje que finalmente se afianzó en el transcurso del siglo pasado, hicieron que el país desarrollase una identidad nacional soportada por un Estado más fuerte y élites nacionales identificadas con el país (la generación de liberales en el S. XIX, los científicos y Porfirio Díaz durante el Porfiriato, los líderes revolucionarios como Carranza, Calles y Cárdenas). Sin embargo, aún falta mucho.

La historia de las élites estadounidenses y mexicanas riman hoy en día en el sentido de que la falta de identificación de éstas con la población a la cual gobiernan causan tremendos estragos en sus respectivos países. En el primer caso, el exceso de democracia y de cosmopolitismo ha provocado falta de afinidad, estimulando vacíos que han traído el populismo. En nuestro caso, la falta de homogeneidad étnico-cultural en el pasado y de enorme pobreza y desigualdad en el presente trajeron tormentas propias, con el advenimiento populista igualmente. Sin embargo, en el país tenemos una región con una historia en estos sentidos muy particular, parecida al caso de las élites japonesas y del cual podemos aprender mucho: Monterrey, Nuevo León. Pero sobre eso, hablaremos en nuestro siguiente artículo.

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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