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Plaza Cívica

A raíz de las elecciones francesas y la historia y personalidad únicas de Emmanuel Macron, entre la intelligentsia mexicana se ha puesto de moda hablar de la búsqueda del "Macron mexicano", a pesar de que el joven presidente francés apenas comienza a gobernar. Sin embargo, si de plano los intelectuales mexicanos están en desesperada búsqueda de un ejemplo político en otras partes del mundo, no es necesario que crucen el Atlántico para encontrarlo, ya que está mucho más próximo, en el país vecino, en la tierra de Trump: Bernie Sanders.

Los actual situación político-social en Estados Unidos, aunque con algunas semejanzas con aquella de Francia, tiene importantes diferencias estructurales con la del país galo y es más semejante a la de México. Efectivamente, en ambos países desarrollados han ocurrido terremotos políticos producto en gran medida de la combinación explosiva que significa inmigración masiva -con tensiones étnico-culturales- y aumento en la pobreza y desigualdad -con tensiones de clase social-, aunque precisamente las diferencias estructurales han traído como consecuencia resultados muy distintos.

La moderación de Emmanuel Macron ganó en Francia básicamente porque los franceses étnicos siguen teniendo una clara mayoría en la "mesa de decisiones" (alrededor del 92% de la población), y el Estado francés está consolidado y juega un papel activo: la pobreza y desigualdad en el país galo se han mantenido esencialmente iguales durante los últimos años, además de contar con amplias redes sociales que protegen a su población en caso de convulsiones económicas. Asimismo, la candidatura independiente de Macron trajo como consecuencia una oferta pública poco clara y la irrelevancia de los partidos políticos tradicionales. Por otra parte, el radicalismo de Donald Trump ha ganado básicamente porque la mayoría de la población blanca está en duda por primera vez en la historia estadounidense (de una tasa histórica del 90%, a alrededor de un 60% actualmente), y el Estado norteamericano ha sido hasta cierto punto débil y ha tenido poco involucramiento social: la pobreza y desigualdad han aumentado, además de tener redes sociales estrechas que protegen a poca gente por poco tiempo. Lo anterior trajo como resultado propuestas políticas claras y el aumento del bipartidismo estadounidense.

Las semejanzas entre el caso estadounidense y mexicano son obvias: Estados débiles (aunque nuestro caso es mucho más grave), problemas de pobreza y desigualdad con redes sociales cortas y delgadas (aunque, de nuevo, nuestro caso es mucho más grave), y el aumento del partidismo (en EUA se fortalece el bipartidismo, mientras que en México aumenta el multipartidismo). Ante esto, en EUA ha surgido Bernie Sanders... en México AMLO.

Bernie Sanders y López Obrador tienen como columna vertebral de su discurso la disminución de la pobreza y desigualdad, y el ataque a los intereses corporativos incrustados en el sistema político que tanto afectan a sus países. Sin embargo, las diferencias son grandes: el primero no es un populista (no tiene un discurso clasista, al estilo "los de arriba" y "el pueblo"; no detenta una profunda desconfianza y rechazo a las instituciones; no vitupera contra los medios de comunicación, etc.), tiene una agenda clara de políticas públicas, y ha establecido alianzas importantes al interior y exterior del partido demócrata. Nada más, y nada menos.

Los contextos político-sociales mexicano y estadounidense son más semejantes que el caso francés, aunque en México la situación es más grave. Por ello, en EUA ha surgido Bernie Sanders, y en México una versión extrema en López Obrador. Ni Macron ni AMLO: la situación del país es distinta y exige un político inteligente y de izquierda, que sepa y quiera jugar dentro de los límites institucionales. Aún no lo tenemos, aunque hace pocos meses en EUA no se vislumbraba la figura de Bernie Sanders. Tenemos de aquí hasta el 2018.

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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