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Por Fernando Núñez de la Garza Evia

Plaza Cívica

Las sociedades maduras en una democracia establecen en gran medida las prioridades públicas y encauzan el debate político. Por otra parte, los liderazgos políticos son quienes deben en gran parte elaborar las propuestas. En los últimos meses la sociedad mexicana ha establecido como prioridades la inseguridad, corrupción y pobreza/desigualdad, y en consecuencia la clase política se ha pronunciado al respecto. Algunos lo hacen más, otros menos; algunos han tomado una bandera política, otros otra. El líder de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, ha tomado como su estandarte político la lucha contra la corrupción. Sin embargo, hay mucho trecho entre el dicho y el hecho del futuro candidato presidencial.

Desde que comenzó a ser una figura pública reconocida, López Obrador ha hecho del tema anticorrupción su bandera política. La primera oportunidad seria que tuvo para combatirla fue como Jefe de Gobierno del Distrito Federal en 2000 - 2005. Aparte de los conocidos casos donde gente cercana a él estuvo implicada en desfalcos al dinero público, vale la pena observar los números de organizaciones no gubernamentales en la materia. En el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno de Transparencia Mexicana (TM), vemos que el entonces D.F. pasó de ser la entidad con más corrupción en 2001 (lugar 32), a bajar un escalón en 2003 (lugar 31), para nuevamente pasar al lugar 32 en 2005. Muy claro. A pesar de la necesidad de mecanismos institucionales para combatir la corrupción y no dejarla a los humores pasajeros de los titulares de los poderes ejecutivos (por eso la importancia del SNA), éstos últimos tienen sin embargo un gran poder para combatirla. Por eso las críticas al Presidente, y la importancia de los números anteriores: AMLO hizo nada para atacar el problema siendo Jefe de Gobierno. ¿O alguien recuerda algo en sentido contrario?

En los últimos meses el tema anticorrupción se ha insertado en la agenda pública como nunca. Ante los escándalos de corrupción que brotan en todo el país, podríamos pensar que es una oportunidad de oro para que AMLO lidere en un tema que ha sido su causa durante años... pero todo lo contrario.

La llamada "Ley 3 de 3", creada desde la sociedad civil y que implica avances sumamente importantes, fue calificada por AMLO como "...una tomadura de pelo, es simulación, no es nada serio, no se va a combatir la corrupción...". Tanto así que el PT en el Senado votó en contra de su aprobación, siguiendo instrucciones de AMLO. Finalmente el líder de MORENA reviró ante la presión, siendo el último líder de partido en presentar una declaración que ha sido fundamental para enterarnos de las extravagancias patrimoniales de los líderes partidistas. AMLO tuvo igualmente algunas de éstas.

El Sistema Nacional Anticorrupción tampoco se salvó de la completa desaprobación lópezobradorista. Se opuso inclusive en inyectarle 150 millones de pesos para echarlo a andar bajo el argumento de que el dinero se va a utilizar para "maicear" a los funcionarios. Señaló hasta a la "academia" como parte de aquellos que "simulan" el combate a la corrupción, cuando ha sido precisamente desde ahí de donde han venido los mayores avances. Y, ¿cuáles son las propuestas de AMLO en el tema? Pues dice que se tiene que lograr un "cambio de régimen", e insiste que la corrupción se va a combatir con el "ejemplo desde arriba". Como si eso hubiera dado resultado en algún país en algún momento de la historia. Una completa locura.

AMLO ladra, pero no muerde, igual que su cuasi-gemelo que lidera hoy Estados Unidos. Hace más de medio siglo, el gran politólogo estadounidense Samuel Huntington escribió: "La autoridad institucional es lo opuesto a la autoridad carismática, y los líderes carismáticos se vencen a sí mismos si intentan establecer instituciones estables de orden público". Con dedicatoria.

Modificado por última vez en Jueves, 01 Junio 2017
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