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Plaza Cívica
El presidente de la República parece creer que el éxito de su gobierno descansa en el
número de votos o en su popularidad popular. Lo anterior es a lo que la revista
británica The Economist ha denominado “majoritarianism”, traducido al español como
“mayoritismo”, y al cual define de la siguiente manera: “el credo de un grupo en
expansión de gobernantes elegidos pero autocráticos en todo el mundo, que sostiene
que el poder electoral siempre te hace tener la razón”. Este concepto resulta
fundamental tanto para entender la idea que tiene López Obrador de la democracia


como para analizar sus crecientes errores políticos.Durante gran parte de la Edad Media europea existieron instituciones que
representaron los intereses de los diversos estamentos que componían al Estado:
entre las más características se encontraron las Cortes españolas, los Estados
Generales franceses y el Parlamento inglés. Estos se componían de intereses tan
diversos como aquellos de la clase aristocrática, el poder clerical y los gremios de
artesanos, entre otros. Dichas instituciones resultaron fundamentales porque
representaban un contrapeso al poder monárquico y fueron en gran parte
responsables de que no se desarrollasen monarquías absolutas como aquellas nacidas
en Rusia o China, países que hasta hoy en día representan las dos grandes autocracias
mundiales.Durante el S. XIX todo lo anterior comenzó a cambiar. Los llamados “antiguos
regímenes” comenzaron a tambalearse ante la llegada de la Ilustración y la Revolución
Industrial: la primera propugnando las ideas de la separación Estado-Iglesia, la
soberanía popular y la primacía del individuo; la segunda al provocar el movimiento
masivo del campo a las ciudades, la consolidación de la clase burguesa y el nacimiento
de la clase obrera. Entonces el gran debate político en Europa giraría en torno a quésobreviviría del pasado y qué se incorporaría del presente, y como parte de ese debate
se encontraría el tema de la democracia y la representación.
Los revolucionarios ilustrados apoyaban la idea de una demolición absoluta del
pasado y la implementación de un radicalismo igualitario. Esto implicaba terminar
con los diversos sectores sociales -los estamentos medievales- para ser sustituidos
por la simple fórmula de “una cabeza, un voto”. Ante ello, el gran parlamentario
británico Edmund Burke defendió lo que denominó los “pequeños pelotones”,
argumentando que daban voz a los distintos intereses sociales y representaban la
mejor defensa de la libertad al contrapesarse entre ellos para que ninguno se
impusiese al resto, así como para contrapesar al creciente poder del Estado.Finalmente, tanto radicales como retrógradas cedieron, llegándose a un punto medio:
una democracia popular acompañada de sectores sociales. Es decir, una democracia-
liberal. Y precisamente esta complejidad es lo que no parece entender AMLO, con sus
nocivas consecuencias.The Economist continúa con su explicación del llamado “mayoritismo”, el cual vale la
pena citar extensamente: “La diferencia entre el mayoritismo tonto y la democracia
reside en las cabezas de los poderosos. Los demócratas entienden que la minoría (o, a
menudo, la mayoría) que no votaron por ellos son tanto ciudadanos de su país como
los que sí lo hicieron, y tienen derecho a una audiencia respetuosa; y que el trabajo de
un líder es deliberar y actuar en función de los intereses nacionales, no solo los de sus
partidarios.” Este mayoritismo ha quedado al desnudo en el presidente ante la
presente crisis sanitaria y económica derivadas del coronavirus. En primer lugar,
porque ha quedado claro que sus bases populares son lo único que le interesan, a las
cuales se refiere como “los pobres” (muchos mexicanos pobres no votaron por él, y
muchos mexicanos no-pobres votaron por él). En segundo lugar, porque esos sectores
de la sociedad, esos “pequeños pelotones”, esos contrapesos informales de toda
democracia-liberal han sido completamente ignorados. Y entonces, el país no
funciona.Los Estados-nación con democracias-liberales son estructuras altamente complejas,
irreductibles a la simpleza mayoritista. La nación se compone tanto de individuos
como de sectores, y el arte de gobernar implica compromiso. Eso no lo veremos
durante la presente administración, y mientras tanto, se acerca la peor crisis sanitaria
y económica nacional en décadas.www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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