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La noche del cinco de junio del 2016, Mirna Cecilia Rincón Vargas empezó a
vivir un sueño de gloria política y del glamour que viene aparejado a ello, e
inicio la pesadilla para los residentes Rosarito, al resultar vencedora en la
contienda electoral por la alcaldía, convirtiéndose así, en la primer mujer en
gobernar el joven municipio de Baja California.
Y es el primer día del mes de diciembre de ese año, cuando su virtual y
ambiciosa imaginación materializa su sueño, al rendir protesta ante los
rosaritenses y jurarles, que cumpliría y haría cumplir las constituciones
políticas, nacional y local, las leyes y ordenamientos que de ellas emanan y
los reglamentos municipales, y de no hacerlo, manifestó, que los rosaritenses
se lo demandaran.
Concluida la ceremonia del impostado juramento, Rincón Vargas rodeada por
un selecto grupo de donceles, encabezó la toma del botín conquistado y
arribaron sus huestes al palacio municipal a disfrutar de las recompensas
merecidas por su esfuerzo, lucha, lealtad y gran esfuerzo en la contienda
electoral que llevo a la diosa Atenea a conquistar la presidencia municipal
rosaritense.
Ya entronada por mandato de ley, la diosa Atenea versión vernácula, ésta se
dio a la tarea de designar las rutas, métodos, labores, montos y fechas, en las
que se deberían de aplicar sin perdida de tiempo los integrantes de su circulo
de donceles, esperando obviamente, resultados expeditos y sustanciales.
De manera paralela y aprovechando los recursos sobrantes de las arcas
municipales, intento incrementar sustancialmente su percepción salarial,
auto considerando su alto perfil político, su capacidad administrativa y
probidad mostrada y demostrada durante su paso como directora del Seguro
 
Popular, aderezando lo anterior con la divisa, “yo no vengo a robar como mis
anteriores, así que debo de ganar bien", sin embargo y para su infortunio, los
rosaritenses no entendieron sus razonamientos para elevar su salario y la de
sus preferidos, el cual por cierto, fluctuaría de acuerdo, más que a la posición
ocupada, al ranking afectivo de Rincón Vargas, que cada uno mantuviera.
La materialización de su fantasía tomaba forma y los integrantes del primer
circulo de donceles, el defenestrado Adrián Garza, David Ceja, Jorge Arévalo,
Jorge Teno y Carlos Peraza, se aprestaron con singular alegría y gozo a poner
en práctica lo instruido por la adalid rosaritense, buscando ante todo, la
satisfacción plena de la dama, y por que no, obtener para ellos una porción
de las prebendas obtenidas.
Obviamente los donceles no se pondrían a hacer adobes y la “talacha” de
campo, para ello, previo al arribo al poder, durante la transición para el
relevo de la administración, aramaron un equipo de felinos VIP a quienes
colocaron en las dependencias y áreas recaudadoras del gobierno como
Control Urbano, Oficialía Mayor, Desarrollo Social, Prodeur,
Fraccionamientos e Inspección y Verificación.
En ellas, Aldo López Tamez, Aurelio Castañeda, Oscar Lozano, Juan Abel
Hidalgo, Enrique Muñoz, Ada Janely Quintero y su personal de confianza,
realizan sin recato alguno y con la firme convicción de que cuentan con el
total respaldo y apoyo de la primer edil, y la omisiva indolencia de quien por
ley debería evitar las trapacerías, Miguel Ángel Vila, quien es de
nombramiento el Síndico Procurador, que generan las sustanciales
prebendas y satisfacciones a la alcaldesa Mirna Rincón Vargas.
Las irregularidades se vinieron en cascada, licitación fraudulenta de la
concesión para el arrastre y almacenamiento de vehículos, adquisición de
patrullas, equipo y uniformes policiales a precios inflados, procesos de
licitación para la ejecución de obras y servicios amañados, para favorecer al
constructor y proveedores preferidos, fraudes y extorsiones a quienes
realizan edificaciones, permisos de operación de fraccionamientos
irregulares, venta de plaza de base, y la cadena sigue.
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