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Tijuana.- En el año 2000, en el estado de México Alfredo Castillo hizo como que investigó para dar una salida al caso de la niña Paulette a quien asegura, descubrió sin vida debajo del colchón de su cama, de la misma de la que desapareció días antes. Solución que nadie le creyó y que ahora ya no podrá utilizar para encontrar medallas para los deportistas mexicanos bajo el colchón.

El responsable de administrar el deporte en México, llegó al puesto luego de pasar por todas las posiciones posibles, procurador en el Estado de México, luego subprocurador de la PGR en el gobierno federal, y de allí a como procurador del consumidor, luego comisionado de la seguridad de Michoacán y cuando más raspada estaba su imagen y evitar exponerlo más, el presidente manda a su amigo a la Conade, donde en teoría, no tendría grandes problemas. Pero lo colocó en una posición que desconoce completamente, justo cuando los atletas están cerrando su ciclo olímpico. Lo sucedido en Brasil ya es conocido por todos.

Para entender lo que hizo el amigo del presidente basta con revisar la delegación que envía México a Río de Janeiro la cantidad de deportistas que viajaron a Londres contra los que lo hicieron para Río, veremos que hay 26 atletas más en Brasil que en Reino Unido. De hecho, la delegación de 125 personas con la que México acudió a tierras cariocas es la más grande en un evento similar desde Munich 1972, cuando participaron 174 atletas nacionales.

Que más atletas consiguieran su pase a los juegos de la XXXI Olimpiada no es cosa de casualidad, habla de que había un crecimiento, pequeño, pero hacia arriba sin embargo al amigo del presidente Peña Nieto en la Conade le valió pelear el dinero que hace falta pues en 2012 el presupuesto para el deporte en México fue de 4 mil millones de pesos y, para 2015. se redujo a sólo 2 mil 800 millones. O sea, aquí hemos perdido terreno. ¿O no?

El número de calificados a los juegos indica que los atletas están respondiendo y esforzándose para elevar el nivel del deporte en México pero parece que las instituciones no ofrecen un nivel de apoyo comparable al desempeño de quienes practican las diversas disciplinas en las que el país participa en las competencias de clase mundial.

Esmuy difícil que la mayoría de los deportistas mexicanos vivan únicamente de la actividad en la que se especializan. En un mundo ideal, los atletas deberían enfocarse solamente en entrenar y competir, recibiendo apoyos (entre ellos, el económico). Así, el deporte se convierte en una fuente de empleo para la población que, directa o indirectamente, también beneficie a las instituciones que lo promueven.

Elevar el nivel de entrenamiento y desempeño de los deportistas de México, aumentaría también el ingreso por patrocinios o hasta permitiría que un organismo gubernamental se pare el cuello para presumir la calidad del deporte que se practica en el país. Con un poco de suerte, esto iniciaría un círculo virtuoso entre mejores resultados y más apoyo.

Históricamente, en el país encontramos diversos casos en los cuales un sujeto se coloca en cualquier puesto por amiguismo o simple demagogia. Y claro, el deporte no está exento de dicha situación.

Alfredo Castillo llegó a la CONADE después de desempeñar un trabajo bastante cuestionable en Michoacán, donde no pudo detener la inseguridad y violencia. Desde el 16 de abril de 2015 se desempeña como el titular del organismo, pero su experiencia con el deporte antes de asumir el puesto era prácticamente nula.

¿Por qué no le otorgaron el cargo a una persona que estuviera más involucrada en éste ámbito? Medallistas en Sydney 2000 o en Atenas 2004 (Fernando Platas o Ana Gabriela Guevara, por mencionar algunos casos) tienen un mayor conocimiento del deporte y podrían administrar de mejor manera la CONADE que alguien cuyos trabajos han sido meramente políticos.

Entregar la Conade a un amigo, es más que otra ralla al tigre.

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